El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.

jueves, 14 de enero de 2016

De la calle gris a la mente colorida, ida y vuelta

Se cruzó con ella en el portal. Llovía, y él acababa de volver de hacer la compra. De las gafas de ella asomaban unos preciosos ojos oscuros. Bajo su deshecha melena, él exhibía unos ojos verdes. Sonrió.
-Hola.

-Hola-fue la respuesta de la chica, con idéntica sonrisa.
Y mientras abría la puerta, un gracias y un de nada le dieron qué pensar. Hacía mucho que su mente no divagaba sin ataduras. Que sus neuronas no se distraían en pleno mundo ni le alejaban de la realidad.

-Gracias a ti, por existir-le dijo, y un sonrojo apareció en los pómulos del rostro de la joven.
-Vaya, qué directo-fue la respuesta, algo tímida y entrecortada, que a su vez sonrojó los huesudos pómulos del muchacho.
Y en la terraza de al lado, el café caliente sabía a gloria, escondidos como estaban bajo el toldo mientras la lluvia inundaba las calles. Los coches iban a su ritmo, las personas caminaban apresuradas, como siempre en la bulliciosa ciudad. Pero para ellos dos, aquel momento, en aquel lugar, era pausado y eterno. Era el infinito en una taza de café con leche.
-Tienes una mancha en los dientes-dijo ella, divertida por el desastre de hombre que se sentaba al otro lado de la mesa.
-Mucho café y mucho tabaco-respondió él, pensativo-¿Te importa que fume?
-No, claro, adelante... ¿te importa compartir?
Él lió dos cigarrillos, y le dio uno a ella. Los encendieron y fumaron ante las tazas ya vacías, mientras la terraza parecía vaciarse por momentos. La gente se iba y los dejaba a solas con su intimidad. Vivían en el mismo edificio, en la misma calle de la misma ciudad, y se habían encontrado en un país patas arriba. Parecía magia de aquella que no puedes explicar.

Pero la chica ya estaba en la calle, y de los labios del muchacho nada surgió. Observó a través de la puerta cómo se iba, pensando en su propia cobardía, en su falta de valor, mientras subía la compra por las escaleras, piso a piso, apesadumbrado y aún dejando que se desvanecieran los restos de su imaginación.
El gato le saludó, y guardó todo en la nevera. Se preparó algo de comer y se sentó. Virginia Woolf le aguardaba tirada sobre el sofá, y suspiró. 
La imaginación es a veces el refugio de la cobardía, se dijo a sí mismo.

lunes, 4 de enero de 2016

De soledad y otras cosas

Las dos de la mañana de un cuatro de enero...
De soledad y otras cosas se forman los contornos de su visión. De oscuridad, de miedos, de medias verdades. De un no poder ver más allá de la apariencia, no entender el mundo que le rodea.
Decide levantarse de la cama, con un suspiro, y caminar a la cocina. La cafetera está vacía, y se fuma un cigarrillo mientras prepara otra. Apoyado en la encimera, mirando por la ventana mientras la fatiga derrota sus hombros.
El patio de luces está tranquilo. Apenas un gato que mira desde abajo. Unas gotas de llovizna que empiezan a caer en la mañana gris. "Será un día largo", piensa, justo al tiempo que la cafetera empieza a soltar vapor. La aparta del fuego y se sirve su bebida en una taza sucia. No ha querido fregar, debería haberlo hecho.
Mientras se viste, se pregunta qué habrá sido de todas sus ilusiones y esperanzas. De todo aquello que derrotaba al miedo y a la desesperanza. Se han desvanecido, acaso sin dejar rastro alguno, en una espiral de oscuridad y desconfianza. En un pozo de amargura sazonado con cenizas de más cigarrillos de los que quisiera admitir.
Las escaleras están vacías. Eso es una suerte: no quisiera tener que saludar a nadie, tener que mirar a nadie, tener que pretender que entiende a nadie. Gracias a eso, puede bajarlas con paso cadencioso, sin prisa pero sin pausa, tambaleándose, pues su equilibrio ya no es el que era.
En la planta baja, la luz entra mortecina a través del portal. Los coches vienen y van ahí fuera y la gente camina sin prestar atención a nada. A juzgar por las horas, deben estar yendo a trabajar. Y trabajar resulta anodino. Quizás por eso las expresiones de abatimiento en sus caras. Ni una sola persona parece feliz de tener que madrugar. Debe ser algo antinatural.
Abre la puerta y mira al cielo encapotado, mientras la lluvia crece en potencia y cantidad.
"Será un día largo..."

domingo, 27 de diciembre de 2015

Vómito, jadeos, agua

Vómito, jadeos, agua.
Se mira al espejo y se encuentra una cara desencajada. Una visión borrosa de quien pudo o no pudo ser esta noche. De quien no sabe si fue, es o será. Un hombre extraño que le mira desde el cristal del espejo, con ojos vidriosos y la boca pastosa. Despeinado, desaliñado, ojeroso. El alcohol no es tu amigo, aunque lo parezca.
Vómito, jadeos, agua.
Mira al fondo del váter ahora, incapaz de levantarse por segunda vez. Los pantalones, por los tobillos. Y sus rodillas huesudas apoyadas contra las baldosas. La cabeza vagamente apoyada contra sus brazos, que se aferran desesperadamente a la taza del inodoro. El efluvio de sus propios vómitos le da de golpe en la cara, pero tiene tan poca energía que no puede ni apartarla.
Vómito, jadeos, agua.
Se logra levantar y lavarse la cara. La visión sigue borrosa y el hombre del espejo es el mismo, pero ahora parece un poco, y solamente un poco, más sano. Más vivo. Su rostro sigue cetrino y sus ojos vidriosos, pero ya no parece ir a caer a cada segundo que pasa en pie. Solo queda de eso un balanceo leve, atontado, como cuando un niño se queda ensimismado mirando al cielo.
Vómito, jadeos, agua.
Rayos, otra vez. Este le ha pillado por sorpresa. Se lava bien la cara y se mira una última vez. Parece que ya es capaz de enfocar su mirada. Capaz de ver con un mínimo de nitidez. Un dolor palpitante en la parte trasera de su cabeza le recuerda al bar, a esa chica. A las copas y la música estridente. Y con paso inseguro se dirige por el pasillo. A la cama.

No sabe si ha apagado la luz. Ni si ha cerrado la puerta. Igual las llaves han quedado colgadas por fuera, a la vista de todo vecino o ladrón que quiera dignarse a entrar a por sus escasas posesiones. Pero no importa, los pobres son generosos. Generosos con ricos y ladrones. Y con ladronas de corazones, claro.
¿Qué habrá sido de aquella chica del bar? Dijo que vivía por allí cerca. Pero ni idea, él desapareció sin siquiera decirle adiós. ¿Y qué más daba? Al fin y al cabo, lo importante es divertirse. Y él ha tenido una noche de lo más divertida. Las náuseas son la prueba.
Cierra los ojos y se convulsiona en un intento de última vomitona. Sálvese quien pueda, piensan los jugos de su estómago. A duras penas los mantiene en su sitio y logra apoyar su cabeza sudorosa y su cara mojada sobre la almohada.
Mañana será domingo.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Escribe

Son los dedos torcidos, las uñas amarillas, el pelo deshecho y la cama sucia los signos de su vida. Son la muestra de su caída en la desgracia, de su abandono y su descuido. Son el botón de su apatía.
Rueda y se cae, infinitas veces, en los pozos vacíos de su mente. Una mente explotada hasta la saciedad, hasta la ignorancia, que en su tiempo pudo ser hermosa, y ahora no deja de ser un juguete roto. Una amalgama de engranajes oxidados que quisieran girar. Pero que esperan estáticos al día en que todo acabe, en que no se les reclame más.
Y abre los ojos y escribe, cubierto por el humo de sus cigarrillos y el olor de su alcohol. Escribe aporreando el teclado en una rabieta infantil y superflua. En una queja eterna sobre problemas que no importan a nadie.
Y lo hace porque es lo único que le queda.

martes, 8 de diciembre de 2015

Gruñe y grita

Gruñe y grita. Con todo el aire de su interior, en un alarido de alcohol. Sus pulmones se vuelven ceniza, y sus cenizas explotan en un Amanecer Dorado.
Chilla y miente, y llora y pierde. Y con cada soplo pierde una pieza de su alma. Una pieza de cuanto es.
Y vuelve a nacer, cada vez más pobre, más vacío. Cada vez más sinsentido y perdido en un mundo que lo rechazó. Que rehuyó sus miradas y obvió su existencia. Chilla y miente y gruñe y grita y vuelve a nacer sin quererlo, sin ganas de haber nacido ni haber vivido.
Y con cada aliento pierde su corazón, baldío recipiente de sentimientos que una vez fueron buenos y ahora, cegados y perdidos, se golpean en forma de rabia y odio, escupiendo cada mañana un poco más de humanidad.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Down the river side

Tonight I'll wander down the river side,
settle down, and drink for a while.
Tonight I'll drown this pain inside,
swallowin' a bottle of good wine.

And I'll watch the river flow away,
water leave and mem'ry stay.
And I'll drink and swallow all the pain,
crying with reminders of good days.

I'll sing a song about her eyes.
I'll cry as a wolf howls to the skies.

Tonight I'll wander down the lane,
by the railroad track and the river side.
And as the bottle warms my heart,
I'll drown my tears and tear apart.

And I'll try to swim to the other side,
sinking in the river's gentle tide.
And I'll drift away and close my eyes,
drowning all my mem'ries down the line.

I'll sing a song about her eyes.
I'll cry as a wolf howls to the skies.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Liberal liberal, sin ira liberal

Yo Soy Liberal. Trending Topic en España.
Es bastante creciente para mí la sensación de que lo que se considera bueno a nivel político y económico funciona por modas. El liberalismo económico era una especie de espía en las sombras del que nadie había oído hablar. Hasta que, de un tiempo a esta parte, supongo que propiciado por la crisis económica mundial, alguien tiró de la manta.
Y qué cosas se encontraron allí debajo, amigos. Argumentos a favor del liberalismo que se basan en la compasión, la empatía y el deseo altruista y de buen hacer inherentes al ser humano. Perdón, ¿inherentes? Quería decir inexistentes. Seamos sinceros: hay buenas personas. Hay seres humanos altruistas... pero, pensándolo bien, ¿es creíble que en un Estado sin impuestos, sin obligación de proyecto común, vayamos a buscar ayudar a quien lo necesite por nuestra hermosa alma?
Otros argumentos pasan por el hecho de que, al parecer, si en un Estado liberal no estás contento con tu trabajo, buscas otro. Es un punto interesante, que quizá hasta tendría lógica... de no vivir en una economía globalizada, donde pagar un sueldo digno en un país del primer mundo sin regulación estatal para el empleo es tan de esperar como que Snoopy deje de soñar que es el Barón Rojo. Si nos ponemos en la situación de quien maneja dinero y empleos, ¿habrá mucha gente que decida dar un empleo digno y con un sueldo decente a un trabajador, pudiendo gastar menos en la mano de obra? Al fin y al cabo, siempre habrá gente para cobrar. El escenario que yo veo más plausible, a nivel de empleo, es que el cincuenta por ciento de la población acabe fabricando los productos que use el otro cincuenta por ciento. O quizá el porcentaje esté en un ochenta-veinte, eso ya no lo sé.
Ha habido muchas obras de ficción sobre el liberalismo. Utopías aparantes, distopías o simples comentarios, siendo el más recente y el primero que viene a la cabeza el videojuego Bioshock. Y, en ese juego, el argumento de fondo me hace preguntarme: en un entorno liberal, en el que cada trabajador tenga derecho al sudor de su frente, cada empresario a manejar su empresa como le viene en gana... ¿quién asegura que no se desarrollen prácticas abusivas y moralmente ambiguas como el contrabandismo, esclavismo, crecimiento de los contratos basura, etc.?
El liberalismo es libertad. Sí, lo es. Pero, honestamente, y aún llevándole la contraria a Ben Franklin, hay una vocecilla en mi cabeza que me susurra que quizá no sea tan buena idea olvidar la seguridad en pro de la libertad de una especie que lleva miles de años abusando de sí misma.
Pero si lo preferís, anarquía económica para todos. Al fin y al cabo, morir nos vamos a morir igual, siendo comunistas, liberales, anarquistas o lo que nos de la gana.