Dijo aquél que por mucho que hagas, mucho más quedará por hacer. Que da igual lo que sepas: siempre sabrás nada.
Una absoluta y denigrante nada. Y, después de eso, ¿qué queda? ¿Un ser? ¿Un algo? ¿Una mujer? No queda nada, amigo. No queda ni tan siquiera el rastro de un conocido. Ni tan siquiera el rastro de un colega, un ligue, un número de teléfono, los restos de unos neumáticos o el dolor de una viuda.
No queda nada, lo mires por donde lo mires. Y lo peor es que debemos sonreír.
Sonreír a la nada.
Sonreír al vacío.
"La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no" - Pío Baroja
El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.
jueves, 23 de julio de 2015
martes, 14 de julio de 2015
El miedo, el terror y el recuerdo
- ¿Y quién es este ser que me visita en la oscuridad, al borde de mi deshecha cama? ¿Quién es este ente que se recorta bajo la luz de la luna llena que se cuela por mi ventana?
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- ¿Quién eres? ¿Por qué me miras así? ¿Por qué me interrogas con tus ojos, y me haces sentir pequeño, abandonado, perdido en un mar de memorias turbias y dolorosas?
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- Aléjate. Vete de mi habitación. Huye de aquí. Vete, antes de que llegue el sol. Ve, antes de que pueda olvidarte con el nacer de un nuevo día. Déjame solo.
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- Por favor, te lo suplico, déjame solo. Déjame vivir. Déjame volver al presente, mirar al futuro. Déjame abandonar el pasado tras las huellas de mis propias pisadas. Déjame vivir lejos de lo que he hecho. Déjame vivir lejos de cuanto me arrepiento.
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- ¿Me dejarás ser feliz? ¿Podré dejar de temer? ¿Dejar de recordar?
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- Eres el miedo, el terror y el recuerdo.
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- ¿Quién eres? ¿Por qué me miras así? ¿Por qué me interrogas con tus ojos, y me haces sentir pequeño, abandonado, perdido en un mar de memorias turbias y dolorosas?
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- Aléjate. Vete de mi habitación. Huye de aquí. Vete, antes de que llegue el sol. Ve, antes de que pueda olvidarte con el nacer de un nuevo día. Déjame solo.
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- Por favor, te lo suplico, déjame solo. Déjame vivir. Déjame volver al presente, mirar al futuro. Déjame abandonar el pasado tras las huellas de mis propias pisadas. Déjame vivir lejos de lo que he hecho. Déjame vivir lejos de cuanto me arrepiento.
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- ¿Me dejarás ser feliz? ¿Podré dejar de temer? ¿Dejar de recordar?
- Soy el miedo. El terror. El recuerdo.
- Eres el miedo, el terror y el recuerdo.
domingo, 28 de junio de 2015
Azul
Ojos azules que hollan en mi alma.
Rompen mi corazón en mil pedazos,
como espuma rota de un mar en calma.
Como náufragos en tristeza varados.
Rompen las olas mientras canto,
llora el cielo en amargo llanto.
Deja el dolor su huella en mi historia.
La huella de un hombre que perdió la esperanza,
girarán mis pensamientos como una noria,
dejarán atrás la voluntad de toda andanza.
Rompen olas del mar al que grito,
dejando atrás un azul infinito.
Se oye el blues del olvido,
mi alma no recuerda el calor.
Atrás esas notas que he perdido
al sentir que me abandona el amor.
Y aquí murió mi voluntad de caminar.
Enterrada bajo tierras que mis pies no osan pisar.
Rompen mi corazón en mil pedazos,
como espuma rota de un mar en calma.
Como náufragos en tristeza varados.
Rompen las olas mientras canto,
llora el cielo en amargo llanto.
Deja el dolor su huella en mi historia.
La huella de un hombre que perdió la esperanza,
girarán mis pensamientos como una noria,
dejarán atrás la voluntad de toda andanza.
Rompen olas del mar al que grito,
dejando atrás un azul infinito.
Se oye el blues del olvido,
mi alma no recuerda el calor.
Atrás esas notas que he perdido
al sentir que me abandona el amor.
Y aquí murió mi voluntad de caminar.
Enterrada bajo tierras que mis pies no osan pisar.
jueves, 25 de junio de 2015
Si el miedo tuviera rostro
Si el miedo tuviera rostro, sería el tuyo. Esa sonrisa lobuna que me dedicas al cruzar nuestras miradas. Tendría esos ojos que brillan bajo tus cejas, bien abiertos, expectantes. Deseosos de que baje la guardia. Y tendría ese menear de caderas que hace que a uno se le encoja el cuerpo y no llegue su camisa al cuello.
Si el miedo tuviera manos, serían las tuyas. Esas manos largas, finas, afiladas. Como garras que podrían descuartizarme de una bofetada. Tendría esos dedos ágiles pero fuertes, esas uñas bien cuidadas que sabe Dios cuántas almas habrán despedazado. Tendría ese anillo, dorado y sencillo, que llama la atención más de lo mínimo y menos de lo máximo.
Si el miedo tuviera alma, sería la tuya. Oscura y misteriosa, escondida tras muros de piedra, telones de acero y cortinas de seda. Sería esa alma que solo a veces sale, y sale a matar. Sale como un guerrero se lanza a la batalla, por tu boca, hasta mis oídos, loca por romper mi corazón.
Si el miedo fuera persona, serías tú. Y Dios, cómo adoro el miedo.
Si el miedo tuviera manos, serían las tuyas. Esas manos largas, finas, afiladas. Como garras que podrían descuartizarme de una bofetada. Tendría esos dedos ágiles pero fuertes, esas uñas bien cuidadas que sabe Dios cuántas almas habrán despedazado. Tendría ese anillo, dorado y sencillo, que llama la atención más de lo mínimo y menos de lo máximo.
Si el miedo tuviera alma, sería la tuya. Oscura y misteriosa, escondida tras muros de piedra, telones de acero y cortinas de seda. Sería esa alma que solo a veces sale, y sale a matar. Sale como un guerrero se lanza a la batalla, por tu boca, hasta mis oídos, loca por romper mi corazón.
Si el miedo fuera persona, serías tú. Y Dios, cómo adoro el miedo.
domingo, 14 de junio de 2015
Voces suaves y perfumes dulces
Voces suaves y perfumes dulces. De rosas, quizá. Voces suaves de labios carnosos y ojos claros. Que rodean, que atraen y alejan tu mente de cualquier otro pensamiento. De todo lo que no sean ellas. De todo lo ajeno a los cantos de sirena.
Voces suaves y perfumes dulces. Y, tras ellos, la tentación innegable, irresistible, de lanzar un beso en la oscuridad. De buscar el cobijo de unos labios rojos, brillantes, húmedos, calientes. Voces de deseo y dulzura, capaces de volver loco a un hombre.
Voces suaves y perfumes dulces. Casi dolorosas, como dardos en tus neuronas. Queman, arden mientras desesperan por traerte a su pequeña isla. Sirenas que te llevan a un naufragio seguro, a encallar en los arrecifes de una costa traicionera.
Voces suaves. Perfumes dulces. Mienten a cada sílaba, a cada letra. Mienten y tejen con sus mentiras un velo para cegar tu mirada. Un velo que te aleja de todo, que te quita tu propia alma, y te convierte en un esclavo de sus deseos.
Voces y perfumes.
Voces suaves y perfumes dulces. Y, tras ellos, la tentación innegable, irresistible, de lanzar un beso en la oscuridad. De buscar el cobijo de unos labios rojos, brillantes, húmedos, calientes. Voces de deseo y dulzura, capaces de volver loco a un hombre.
Voces suaves y perfumes dulces. Casi dolorosas, como dardos en tus neuronas. Queman, arden mientras desesperan por traerte a su pequeña isla. Sirenas que te llevan a un naufragio seguro, a encallar en los arrecifes de una costa traicionera.
Voces suaves. Perfumes dulces. Mienten a cada sílaba, a cada letra. Mienten y tejen con sus mentiras un velo para cegar tu mirada. Un velo que te aleja de todo, que te quita tu propia alma, y te convierte en un esclavo de sus deseos.
Voces y perfumes.
viernes, 5 de junio de 2015
¿Tú la has visto bailar?
-¿Perfecta?
- Bueno, quita tú de aquí, suma de allá... cambia esto, cambia aquello. Al fin y al cabo, ¿quién es perfecto?
-¿Lo es su pelo?
-No lo sé, a mí me lo parece.
-¿Y sus ojos?
-Dímelo tú, yo qué sé.
-¿Su sonrisa?
-Bueno, yo diría que sí, pero ya sabes... las opiniones...
-Bueno, ¿qué tiene de bueno?
-Ay, yo qué sé. Muchas cosas, tío. ¿Acaso tú la conoces?
-No, no la conozco... a ver, dime, ¿por qué?
-Porque, en serio... ¿tú la has visto bailar?
- Bueno, quita tú de aquí, suma de allá... cambia esto, cambia aquello. Al fin y al cabo, ¿quién es perfecto?
-¿Lo es su pelo?
-No lo sé, a mí me lo parece.
-¿Y sus ojos?
-Dímelo tú, yo qué sé.
-¿Su sonrisa?
-Bueno, yo diría que sí, pero ya sabes... las opiniones...
-Bueno, ¿qué tiene de bueno?
-Ay, yo qué sé. Muchas cosas, tío. ¿Acaso tú la conoces?
-No, no la conozco... a ver, dime, ¿por qué?
-Porque, en serio... ¿tú la has visto bailar?
viernes, 22 de mayo de 2015
Hubiera preferido el silencio
Hubiera preferido el silencio. La tranquilidad eterna de una mente callada, sin palabras. Una de esas mentes que solamente cuchichea con tranquilidad, incluso con miedo, no vaya a molestar al vecino de arriba. Hubiera preferido eso y mucho menos, pero no lo tuvo.
Porque cuando su mente decidió que importaba, empezó a hablar. A gritar. A cantar. Cada día eran millones de fanfarrias, baladas y valquirias cabalgando, todas sonando a la vez al mayor volumen que podían. Pensando "y que le den por saco al vecino de arriba". Al fin y al cabo, ¿qué más daba? Quizá aquellos pensamientos se habían dado cuenta de que no había tal vecino. Ni ese ni el de abajo. Ni el de al lado. Que estaban solos por completo en el edificio. Qué digo, en la ciudad.
Y cuando su mente se dio cuenta de que estaba sola, empezaron las películas. Y las escenas. Viejos vaqueros disparando mientras las geishas se maquillaban, dejando espacio para que millones de personajes grises y apáticos narraran su vida con una voz desgastada y rota por whisky y humo. Todos a la vez, como una gran cabalgata de personajes absurdos correteando por sus neuronas, al son de antiguas fanfarrias y baladas y valquirias que cabalgan. Todo notas disonantes compitiendo unas con otras. Imágenes sin contexto luchando por ser más importantes.
Todo color, ruido, movimiento.
Demasiado para olvidarlo.
Demasiado para apuntarlo.
-¿Alguna idea de la causa de la muerte, doctor?
-Ninguna. ¿Qué saben de él?
-Nada en absoluto. Corrió calle abajo gritando palabras que nadie entendía. Y así, sin previo aviso, se desplomó sobre la acera.
-Estas cosas pasan, supongo.
-Sí. Estas cosas pasan...
Porque cuando su mente decidió que importaba, empezó a hablar. A gritar. A cantar. Cada día eran millones de fanfarrias, baladas y valquirias cabalgando, todas sonando a la vez al mayor volumen que podían. Pensando "y que le den por saco al vecino de arriba". Al fin y al cabo, ¿qué más daba? Quizá aquellos pensamientos se habían dado cuenta de que no había tal vecino. Ni ese ni el de abajo. Ni el de al lado. Que estaban solos por completo en el edificio. Qué digo, en la ciudad.
Y cuando su mente se dio cuenta de que estaba sola, empezaron las películas. Y las escenas. Viejos vaqueros disparando mientras las geishas se maquillaban, dejando espacio para que millones de personajes grises y apáticos narraran su vida con una voz desgastada y rota por whisky y humo. Todos a la vez, como una gran cabalgata de personajes absurdos correteando por sus neuronas, al son de antiguas fanfarrias y baladas y valquirias que cabalgan. Todo notas disonantes compitiendo unas con otras. Imágenes sin contexto luchando por ser más importantes.
Todo color, ruido, movimiento.
Demasiado para olvidarlo.
Demasiado para apuntarlo.
-¿Alguna idea de la causa de la muerte, doctor?
-Ninguna. ¿Qué saben de él?
-Nada en absoluto. Corrió calle abajo gritando palabras que nadie entendía. Y así, sin previo aviso, se desplomó sobre la acera.
-Estas cosas pasan, supongo.
-Sí. Estas cosas pasan...
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