"No me enterréis en la pradera", dijo Jim, con aquella voz quebrada. Lo sé porque estaba yo allí. Estaba con él, y con el resto de la cuadrilla. Todos mirando su cuerpo, ensangrentado y tendido sobre la hierba, en un atardecer que se antojaba eterno. "No me enterréis aquí... por favor, llevadme a casa. A la iglesia. A donde mi madre pueda llorar mi muerte".
Vi al viejo Abe derramar un par de lágrimas. Por primera vez en mi vida. Claro, por aquel momento todos estábamos ya deshechos en llanto. El pequeño Jim. El jovencito que sólo quería aventuras. Nunca había hecho daño a nadie, y eso ya era mucho más de lo que nosotros podíamos decir. Y, sin embargo, en aquella persecución, sólo le habían dado a él. Más de veinte revólveres vacíos contra nosotros cinco, y sólo le habían dado a él.
"Estoy viendo a Mathilda... la recuerdo, y me duele", continuó el pequeño. Su sed de aventura había sido su perdición, y, muy en el fondo, todos sabíamos que no era justo que nuestra sed de riqueza no hubiera acabado con nuestras vidas antes que con la suya. "La veo, como si me esperara al otro lado de la oscuridad... Dios, chicos, tengo miedo... mucho miedo"
Aquellas palabras fueron silenciadas por el Colt del flaco Holiday. Me lancé como un chacal sobre aquel tísico hijo de puta. Había matado a Jim, y eso me enfurecía. Sabía que era algo necesario. Que debía acabar con su sufrimiento, con su miedo. Sin embargo, hacerlo así era propio de un cerdo sin corazón. ¿En eso nos habíamos convertido?
Incapaces de ir de vuelta a ninguna ciudad, y con la noche cayendo sobre nosotros, ignoramos su ruego. Ignoramos las últimas palabras de Jim.
Lo enterramos junto al roble, en la pradera.
Donde los coyotes aúllan.
Y el viento sopla libre.
"La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no" - Pío Baroja
El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.
domingo, 8 de marzo de 2015
martes, 3 de febrero de 2015
Paula
Desde que tengo memoria
y recuerdo
que estoy cuerdo
si muerdo
tus labios rojos,
de fuego,
de azufre,
de antojo.
Desde siempre
que dejo que me tientes
porque quieres, lo sientes
y luego disientes
y niegas, sonriente,
con la risa entre dientes
de aquella que miente.
Me abstraes,
atraes y distraes
si subes, si caes
me llevas y traes.
En serio, estás en mi cabeza,
hueca.
Cierta certeza
desde siempre,
atrayente.
Hasta siempre,
en poniente.
y recuerdo
que estoy cuerdo
si muerdo
tus labios rojos,
de fuego,
de azufre,
de antojo.
Desde siempre
que dejo que me tientes
porque quieres, lo sientes
y luego disientes
y niegas, sonriente,
con la risa entre dientes
de aquella que miente.
Me abstraes,
atraes y distraes
si subes, si caes
me llevas y traes.
En serio, estás en mi cabeza,
hueca.
Cierta certeza
desde siempre,
atrayente.
Hasta siempre,
en poniente.
domingo, 1 de febrero de 2015
Buenos días
Desperté,
entre el humo de tus cigarrillos.
Desperté,
con tu pintalabios en mi cuello.
Rojo, como la sangre.
Ardiente, como tu cuerpo.
Desperté,
y no estabas ahí.
En el hueco de mi cama
sólo vi tu silueta.
El resto vacío de quien
huye de una noche vergonzosa.
Desperté,
y sólo quedaban las arrugas
en el colchón.
Solamente humo, y pintalabios.
Desperté,
y volví a dormir.
entre el humo de tus cigarrillos.
Desperté,
con tu pintalabios en mi cuello.
Rojo, como la sangre.
Ardiente, como tu cuerpo.
Desperté,
y no estabas ahí.
En el hueco de mi cama
sólo vi tu silueta.
El resto vacío de quien
huye de una noche vergonzosa.
Desperté,
y sólo quedaban las arrugas
en el colchón.
Solamente humo, y pintalabios.
Desperté,
y volví a dormir.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Seamos sinceros, ¿vale?
Seamos sinceros, ¿vale? Ningún escolar estudiará jamás lo que has escrito. Y, si lo hace, ¿qué más dará? Tú ya habrás muerto mucho antes, ¿verdad? Verdad. La realidad ya ha probado su condición de musa cruel. Te seduce, te ata con promesas de una obra maestra. Y, al mismo tiempo, te muestra y demuestra que nada vale la pena. Que la inmortalidad no es si no un golpe de suerte. Te muestra y demuestra que es el mediocre quien disfruta, inocuo, inepto, inocente, de la fruta prohibida. Mientras tú, genio, interrogante, elegante mentiroso, apenas das sorbos de la lluvia que resbala por su piel.
Vive aislado. Eso de seas. Que no haya quien salude, quien sonría a tus bromas. ¿Juras que deseas la vida del Lobo Estepario?
Pues yo juro, en cambio, que deseas la vida del conforme. Sabes que ojalá fueras mediocre, que ojalá lo abstracto no pisoteara tus neuronas, en esa insufrible cantinela: "crea, crea, crea" ¡Basta! Ten dignidad y pide vivir cual paloma. Ruega, suplica por días de mentira. Pide de nuevo volver a empezar, ser uno más, y espera que la ignorancia te bendiga.
Vive aislado. Eso de seas. Que no haya quien salude, quien sonría a tus bromas. ¿Juras que deseas la vida del Lobo Estepario?
Pues yo juro, en cambio, que deseas la vida del conforme. Sabes que ojalá fueras mediocre, que ojalá lo abstracto no pisoteara tus neuronas, en esa insufrible cantinela: "crea, crea, crea" ¡Basta! Ten dignidad y pide vivir cual paloma. Ruega, suplica por días de mentira. Pide de nuevo volver a empezar, ser uno más, y espera que la ignorancia te bendiga.
miércoles, 5 de marzo de 2014
A los pies de tu cama
Quiero morir a los pies de tu cama.
Quiero ser ese fuego en tus entrañas.
Era febrero y añoraba tus besos,
es marzo y añoro tus besos.
Y tus caricias, tus miradas.
Tu sonrisa y tu pelo,
tu pelo que cae, por cuello
espalda y pecho.
Echo de menos tus manos,
tus dedos, paseándose por mi piel.
Tu voz, aguda, suspirando de placer.
Y queda poco para volver a jugar,
reír y saltar de cama en cama,
de mesa en mesa, tarde en tarde.
Pasar las horas juntos,
dejar que el sol se oculte.
Y ver salir la luna, desnudos,
fumando un cigarrillo.
Y ver escapar el humo, a retazos,
de nuestros pulmones extasiados.
Quiero ser ese fuego en tus entrañas.
Era febrero y añoraba tus besos,
es marzo y añoro tus besos.
Y tus caricias, tus miradas.
Tu sonrisa y tu pelo,
tu pelo que cae, por cuello
espalda y pecho.
Echo de menos tus manos,
tus dedos, paseándose por mi piel.
Tu voz, aguda, suspirando de placer.
Y queda poco para volver a jugar,
reír y saltar de cama en cama,
de mesa en mesa, tarde en tarde.
Pasar las horas juntos,
dejar que el sol se oculte.
Y ver salir la luna, desnudos,
fumando un cigarrillo.
Y ver escapar el humo, a retazos,
de nuestros pulmones extasiados.
... and soon we'll be back together
domingo, 22 de diciembre de 2013
El hombre que dormía del revés
Como cada día, se despertó, legañoso, con la cara hinchada por los vicios como la de un boxeador. Su cuerpo escuálido arrastrándose sin emoción alguna hacia el baño, dispuesto a afeitarse, ducharse y al fin vestirse para tomar el deseado café.
Empezó como cada día, con un café cargado y un cigarrillo, antes de ir al baño e ir a toda prisa a trabajar. Sin embargo, al bajar encontró las calles vacías. ¿Cómo pueden estar las calles de Madrid desiertas en plena hora punta, cuando todos van a trabajar?
Se acercó al metro y no había nadie. En la parada de bus, tampoco. La ciudad parecía muerta por primera vez en la historia. Y, volviendo a casa, aturdido, notó como un copo de nieve caía sobre su hombro. Seguido de otros muchos. Una cortina blanca que empezó a teñirlo todo de Navidad. No podía creer que se le hubiera olvidado.
Ahora, ya no como cada día, sino como cada año, corrió a casa, impaciente. Necesitaba llegar pronto. Necesitaba hacer su pequeño ritual.
Ya no como cada día, colgó el traje de mala manera, arrugado, en el perchero del portal. Se descalzó tirando los zapatos en una esquina y se volvió a meter en la cama.
Y, como cada día de Navidad, empezó a darse la vuelta, los pies contra el cabecero. La cabeza saliendo por el otro lado, y mirando al techo. Necesitaba dormir así.
Y nunca antes de las 12 levantarse.
¿Y sus razones para hacerlo? No las sabía ni él. Pero aquella sonrisa en su cara, mientras se acurrucaba del revés en la cama, lo decía todo: era el mejor momento del año para él.
Empezó como cada día, con un café cargado y un cigarrillo, antes de ir al baño e ir a toda prisa a trabajar. Sin embargo, al bajar encontró las calles vacías. ¿Cómo pueden estar las calles de Madrid desiertas en plena hora punta, cuando todos van a trabajar?
Se acercó al metro y no había nadie. En la parada de bus, tampoco. La ciudad parecía muerta por primera vez en la historia. Y, volviendo a casa, aturdido, notó como un copo de nieve caía sobre su hombro. Seguido de otros muchos. Una cortina blanca que empezó a teñirlo todo de Navidad. No podía creer que se le hubiera olvidado.
Ahora, ya no como cada día, sino como cada año, corrió a casa, impaciente. Necesitaba llegar pronto. Necesitaba hacer su pequeño ritual.
Ya no como cada día, colgó el traje de mala manera, arrugado, en el perchero del portal. Se descalzó tirando los zapatos en una esquina y se volvió a meter en la cama.
Y, como cada día de Navidad, empezó a darse la vuelta, los pies contra el cabecero. La cabeza saliendo por el otro lado, y mirando al techo. Necesitaba dormir así.
Y nunca antes de las 12 levantarse.
¿Y sus razones para hacerlo? No las sabía ni él. Pero aquella sonrisa en su cara, mientras se acurrucaba del revés en la cama, lo decía todo: era el mejor momento del año para él.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Un coche, dos trenes y un bus
Dos coches, un tren y un bus.
Todo lo que necesito para llenarme
de mimos, de tús.
De caricias y miradas,
furtivas, apasionadas.
De miles de besos.
De ese beso antes del "te quiero",
furtivo, ligero, sincero;
que hace que te estremezcas
y sonrías, pícara, juguetona.
Y me devuelvas el amor
al momento, en una intentona
de juntar nuestros cuerpos
y quitar tierra de por medio...
Un coche, dos trenes y un bus.
Todo lo que necesito
para estar donde estás tú.
Todo lo que necesito para llenarme
de mimos, de tús.
De caricias y miradas,
furtivas, apasionadas.
De miles de besos.
De ese beso antes del "te quiero",
furtivo, ligero, sincero;
que hace que te estremezcas
y sonrías, pícara, juguetona.
Y me devuelvas el amor
al momento, en una intentona
de juntar nuestros cuerpos
y quitar tierra de por medio...
Un coche, dos trenes y un bus.
Todo lo que necesito
para estar donde estás tú.
Para Paula
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