El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.

lunes, 23 de mayo de 2016

Mapa sensorial de la hermosura

Eres jazz. Eres el alegre jugueteo de los acordes de una guitarra. Los profundos golpes en el corazón de las cuerdas del contrabajo. Eres la montaña rusa de notas de piano y los irreverentes exabruptos de un saxofón.
Eres el humo que escapa vago de unos labios suaves, húmedos, carnosos. La melancolía de una gota que resbala en el exterior de un vaso de whisky, la escala de grises de una elegante calle europea, bulliciosa y solitaria al mismo instante.
Eres el olor dulzón de un cálido cabaret. El tabaco, el alcohol, el sudor de una noche de desenfreno. La feromona que se desliza a mi cerebro y lo confunde, y el perfume de una femme fatale que susurra ante el micrófono.
Eres el tacto de una hierba suave y bien cuidada. El terciopelo bajo los dedos de los pétalos de una flor y el rozar a cuerpo desnudo de unas sábanas recién cambiadas. Eres encaje, lencería fina bajo las yemas.
Eres un pastel de chocolate sin fin, unas fresas con nata y la hora de la merienda ad infinitum. El jugueteo en el paladar entre el azúcar y la pimienta. El calor de las especias y la frescura de un helado frente al mar (dos, mejor: yo invito).
Eres la sinestesia del olvido y la bendición. Cinco sentidos que poco son para admirarte.

domingo, 22 de mayo de 2016

Esquema de la atracción irremisible

Ha dejado de llover. Y pienso en esos ojos que derriten la piedra. Esa mirada intensa pero limpia, y esa sonrisa. Esa sonrisa que luego descubro que oculta una tempestad de lágrimas en ristre, dispuestas a lanzar una ofensiva a tus pupilas, a llover desde lo brillante de tus ojos, a deslizarse por las suaves colinas de tus pómulos y crear ríos más allá del acantilado de tu barbilla.
Y siguiendo su trazo, me detengo en tu cuello... frágil, suave, tentador e inocente. Que sigue ahí a pesar de todo, soportando una de las cabezas más maravillosas de la creación. La separación perfecta entre tu pelo y tus hombros, rectos, cubiertos por el suave suspiro de aquella blusa que hacía que mi mente imaginara una y otra vez tus dedos apartándola de tu piel, desnudando la blancura prístina y suave de tus curvas.
Esas curvas que caen y fluyen de tu cabeza a tus pies, resaltando pecho, apretando cintura, revelando piernas de las que uno no olvida ni a base de whisky on the rocks. Piernas que dirías que son infinitas... hasta que encuentras unos pies que caminan seguros, que se mueven con la sabiduría que da el ser el broche final de un ser perfecto. Su unión a la tierra y sus cimientos. 
Las raíces de alguien a quien la palabra Diosa se le queda pequeña.

sábado, 21 de mayo de 2016

De paso

De paso puente abajo hacia una zambullida fría y oscura. De paso más allá del límite a dejarse empujar a otro mundo. Dejarse llevar por las náyades, que lo arrastren a uno a su lecho más allá de las profundidades. "No respires", dicen. "No te esfuerces. Déjate llevar". Y obedeces, porque eres débil. Porque no has sabido resistirte al impulso más bajo de la decadente humanidad que te habita y de la que has nacido.
Así que déjate caer, húndete. No respires. Ningún esfuerzo merece ni merecerá nunca la pena: nada es verdad.

domingo, 8 de mayo de 2016

Melancolía decadente

La imagen de la melancolía decadente es, si bien manida, en cierto modo catártica e incluso divertida. No por ello deja de ser útil. Cuando nos golpea el mundo, cuando dolemos y lloramos, esa imagen de hombre abatido frente al televisor, agotado de la vida y en trance de dejarse morir puede dejar de ser algo de lo que huir y quizá un empuje a revolcarnos en el dolor. Per aspera ad astra, nos removemos entre el barro como cerdos.
Cuando nos vemos arrastrados a la inactividad completa, a la falta de deseo de mover cada músculo de nuestro cuerpo, es esa carencia total de motivación la que nos ata a la nada. A dejarse llevar por placeres nimios y banales, propios de una vida intelectualmente inferior a nuestra media. Es el alcohol, el tabaco, la mala televisión, la comodidad del sofá, lo fácil de no intentar nada y el miedo a que cualquier intento de existir en este mundo sea doloroso lo que nos deja desorientados y perdidos en un mar de lágrimas que quizá nunca llegarán a ser. Al fin y al cabo, un hombre no llora.
Aún así, esa imagen no es ni debe ser íntima. Hemos crecido ocultando lo que sentimos, ocultando el dolor. No es, sin embargo, inútil dejarse convertir en el faro oscuro que roba a cuanto le rodea de luz y alegría. Admitir que somos la tristeza, vivir con ello y quizás algún día dejar que una cuerda demasiado corta grite por nosotros lo que no atrevimos a gritar: que necesitamos ayuda.

sábado, 7 de mayo de 2016

No queda nada

Agacha la cabeza, húndela en la almohada que anoche empapaste de tus lágrimas. No hay nada que ver fuera de tu cama, más allá de tus párpados. No merece la pena levantarse ni moverse, no merece la pena vivir. Ni respirar. Solo estás aquí para dejarte languidecer, para caer en el olvido de una vida efímera, superflua.
Recuerda uno a uno los errores que has cometido y piensa si merece la pena intentar remendarlos. Piensa en qué has perdido, qué has llorado y qué creías tener. Y recuerda que cada vez que levantes la cabeza, vendrá el mundo a pisarla para meterla de nuevo en su agujero. Así es todo, no queda otra que ser complaciente y olvidar que alguna vez tuviste corazón. Pide disculpas y grita de rabia, olvida el orgullo y el amor: no queda nada.
No queda nada.

domingo, 24 de abril de 2016

El odio por lo que escribió uno mismo

"Ah, el odio por lo que escribió uno mismo", dijo aquella voz, profunda, irresistible, indestructible. "El odio por aquello que habéis de llamar vuestras palabras. Algunos las ocultáis como diálogos. Las escondéis entre voces de otras personas, otros personajes, otros seres o entes que ni siquiera son reales. Sabéis, tan bien como vuestros lectores, que no es así. Que sois vosotros los que decidís y pensáis cada una de esas palabras, cada cual de dichas letras. Sois vosotros los que decidís cada fonema, cada actitud y cada pensamiento. Cada frase, cada sintaxis, cada devaneo y soliloquio. Sois quienes domináis todo y no sabéis nada, porque a veces vuestros personajes escapan a vuestra comprensión. A veces no sabéis qué dirán al día siguiente, qué sílabas escaparán sus labios al próximo segundo. A veces, en ocasiones, os veis perdidos ante la genialidad o torpeza de sus propias habladurías."
Miré hacia él, sorprendido, incapaz de reaccionar. Lo miré como se mira a la nada, como se mira a la inexistencia, como uno supondría que se observa un agujero negro.
"Tranquilo, amigo", continuó. "Conservaré tu secreto. Sabré más que nadie qué has querido decir. Qué no has podido decir. Qué se ha quedado en el tintero y qué has pretendido que manche las páginas de mente ajena. Tranquilo, amigo mío. Yo siempre seré más diario que Roma entera. Yo siempre seré más bitácora que todos tus cuadernos."

sábado, 2 de abril de 2016

Plaga

"Os creíamos una plaga", dijo aquella extraña figura. De algún modo, era humano. Sin embargo, algo en sus proporciones, en su forma, no cuadraba. Llevábamos muchos años luchando una guerra que parecía interminable contra ellos. Lejos estaba el momento en que llegaron desde muy lejos. Mucho más lejos de lo que hubiésemos podido imaginar. Lejos quedaban los días en que todo cuanto sabíamos de ellos era que, si disparábamos, dejaban de atacarnos. Ahora hablaban nuestro idioma, entendían nuestras tácticas, nos estudiaban. "Os creíamos una plaga en un rincón perdido de la galaxia. Una plaga a exterminar antes de dejar que destruyera este planeta".
Asentí. No podía responder. Había oído historias de lo que les hacían a los prisioneros, pero todo eran rumores. El miedo bloqueaba mis mandíbulas y corría por mi espina dorsal, como agua convirtiéndose en hielo en mi interior. La sala era fría, metálica, y todo lo que podía ver era la silueta de un ser que nos parecía antinatural. Un ser escondido más allá de los límites de nuestra comprensión.
"Cuando empezamos a comprender vuestros idiomas, vuestros pensamientos, seguimos pensando que eran una forma de comunicación rudimentaria. Un rugido entre animales, un grito primal impulsado por el instinto de supervivencia", continuó su extraña voz. Era un sonido hueco, inhumano, pero no carente de emoción. Eran ondas que trepaban por las laderas del valle inquietante. Eran reconocibles. Las entendíamos y, a la vez, no eran nuestras. No éramos 'nosotros', por así decirlo.
"Teníamos miedo", logré decir. Mi voz temblaba. Era apenas un susurro velado por el miedo y el cansancio. Nunca había estado en la cárcel. Nunca había sido prisionero. Sin embargo, no imaginaba que pudiera haber algo peor que perder la libertad.
"¿De nosotros?", respondió. ¿Era desdén lo que dejaba escapar aquel sonido extraterrestre? "De nosotros, quienes temíamos vuestra ignorancia. De nosotros, cuando erais vosotros mismos los que os torturabais y matabais unos a otros..."
Unas manos frías y alargadas me soltaron. Mis muñecas estaban doloridas por efecto de las esposas. Las acaricié, pensativo, y pude ver el rostro vagamente iluminado de un ser sin ninguna expresión reconocible. Ojos, nariz y boca, pero ahí acababan nuestras similitudes. Tanto podíamos tener en común con aquellas facciones como con las de un tigre o un oso. Algo debí decir, aunque no lo recuerde, porque aquella voz de emociones incomprensibles me respondió.
"Nosotros nunca nos vimos como los invasores. Nunca pensamos que éramos los animales. Nunca nos vimos como 'inhumanos', como diríais vosotros. No podíamos creernos carentes de virtud, solo defendíamos lo que creíamos que debía ser defendido. Solo limpiábamos, acabábamos con una plaga".
Abrió la puerta de la celda. El pasillo era igual: frío y metálico. Allí no había nadie ni nada más. Solo unos cuantos muebles extraños que ningún ser humano hubiese entendido. Puede que fuesen sillas, mesas, ordenadores, teléfonos. Si lo eran, a mí no me lo parecieron.
"Intento comprenderos, entender vuestro punto de vista. Quizá no sea el único, pero no sé de nadie más entre los míos que piense así. Vete, antes de que cambie de opinión. Me queda mucho en qué pensar. Me queda mucho por averiguar. Quizá nos equivocamos. Quizá no estábamos acabando con una plaga. Quizá os quede una oportunidad de redención. Si es así, no quiero ser yo quien os la niegue. Sin embargo, ten tú y tened todos en cuenta que no somos monstruos. Empiezo a creer que ninguno de los que está luchando ahí fuera es inhumano. Y tengo miedo de que así sea, pues entonces tantas muertes habrán sido por un estúpido malentendido".
Salí de allí con paso inseguro. Con miedo, con curiosidad, con millones de emociones y preguntas agolpándose en mi cabeza. Aquella noche, cuando lo contase todo en el campamento, mi historia se convertiría en un mero rumor. Algo a descartar. Una mentira incapaz de acabar con la guerra que teníamos en nuestras manos. Quizá sucediera lo mismo cuando el carcelero hablara con los suyos.