El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.

sábado, 7 de mayo de 2016

No queda nada

Agacha la cabeza, húndela en la almohada que anoche empapaste de tus lágrimas. No hay nada que ver fuera de tu cama, más allá de tus párpados. No merece la pena levantarse ni moverse, no merece la pena vivir. Ni respirar. Solo estás aquí para dejarte languidecer, para caer en el olvido de una vida efímera, superflua.
Recuerda uno a uno los errores que has cometido y piensa si merece la pena intentar remendarlos. Piensa en qué has perdido, qué has llorado y qué creías tener. Y recuerda que cada vez que levantes la cabeza, vendrá el mundo a pisarla para meterla de nuevo en su agujero. Así es todo, no queda otra que ser complaciente y olvidar que alguna vez tuviste corazón. Pide disculpas y grita de rabia, olvida el orgullo y el amor: no queda nada.
No queda nada.

domingo, 24 de abril de 2016

El odio por lo que escribió uno mismo

"Ah, el odio por lo que escribió uno mismo", dijo aquella voz, profunda, irresistible, indestructible. "El odio por aquello que habéis de llamar vuestras palabras. Algunos las ocultáis como diálogos. Las escondéis entre voces de otras personas, otros personajes, otros seres o entes que ni siquiera son reales. Sabéis, tan bien como vuestros lectores, que no es así. Que sois vosotros los que decidís y pensáis cada una de esas palabras, cada cual de dichas letras. Sois vosotros los que decidís cada fonema, cada actitud y cada pensamiento. Cada frase, cada sintaxis, cada devaneo y soliloquio. Sois quienes domináis todo y no sabéis nada, porque a veces vuestros personajes escapan a vuestra comprensión. A veces no sabéis qué dirán al día siguiente, qué sílabas escaparán sus labios al próximo segundo. A veces, en ocasiones, os veis perdidos ante la genialidad o torpeza de sus propias habladurías."
Miré hacia él, sorprendido, incapaz de reaccionar. Lo miré como se mira a la nada, como se mira a la inexistencia, como uno supondría que se observa un agujero negro.
"Tranquilo, amigo", continuó. "Conservaré tu secreto. Sabré más que nadie qué has querido decir. Qué no has podido decir. Qué se ha quedado en el tintero y qué has pretendido que manche las páginas de mente ajena. Tranquilo, amigo mío. Yo siempre seré más diario que Roma entera. Yo siempre seré más bitácora que todos tus cuadernos."

sábado, 2 de abril de 2016

Plaga

"Os creíamos una plaga", dijo aquella extraña figura. De algún modo, era humano. Sin embargo, algo en sus proporciones, en su forma, no cuadraba. Llevábamos muchos años luchando una guerra que parecía interminable contra ellos. Lejos estaba el momento en que llegaron desde muy lejos. Mucho más lejos de lo que hubiésemos podido imaginar. Lejos quedaban los días en que todo cuanto sabíamos de ellos era que, si disparábamos, dejaban de atacarnos. Ahora hablaban nuestro idioma, entendían nuestras tácticas, nos estudiaban. "Os creíamos una plaga en un rincón perdido de la galaxia. Una plaga a exterminar antes de dejar que destruyera este planeta".
Asentí. No podía responder. Había oído historias de lo que les hacían a los prisioneros, pero todo eran rumores. El miedo bloqueaba mis mandíbulas y corría por mi espina dorsal, como agua convirtiéndose en hielo en mi interior. La sala era fría, metálica, y todo lo que podía ver era la silueta de un ser que nos parecía antinatural. Un ser escondido más allá de los límites de nuestra comprensión.
"Cuando empezamos a comprender vuestros idiomas, vuestros pensamientos, seguimos pensando que eran una forma de comunicación rudimentaria. Un rugido entre animales, un grito primal impulsado por el instinto de supervivencia", continuó su extraña voz. Era un sonido hueco, inhumano, pero no carente de emoción. Eran ondas que trepaban por las laderas del valle inquietante. Eran reconocibles. Las entendíamos y, a la vez, no eran nuestras. No éramos 'nosotros', por así decirlo.
"Teníamos miedo", logré decir. Mi voz temblaba. Era apenas un susurro velado por el miedo y el cansancio. Nunca había estado en la cárcel. Nunca había sido prisionero. Sin embargo, no imaginaba que pudiera haber algo peor que perder la libertad.
"¿De nosotros?", respondió. ¿Era desdén lo que dejaba escapar aquel sonido extraterrestre? "De nosotros, quienes temíamos vuestra ignorancia. De nosotros, cuando erais vosotros mismos los que os torturabais y matabais unos a otros..."
Unas manos frías y alargadas me soltaron. Mis muñecas estaban doloridas por efecto de las esposas. Las acaricié, pensativo, y pude ver el rostro vagamente iluminado de un ser sin ninguna expresión reconocible. Ojos, nariz y boca, pero ahí acababan nuestras similitudes. Tanto podíamos tener en común con aquellas facciones como con las de un tigre o un oso. Algo debí decir, aunque no lo recuerde, porque aquella voz de emociones incomprensibles me respondió.
"Nosotros nunca nos vimos como los invasores. Nunca pensamos que éramos los animales. Nunca nos vimos como 'inhumanos', como diríais vosotros. No podíamos creernos carentes de virtud, solo defendíamos lo que creíamos que debía ser defendido. Solo limpiábamos, acabábamos con una plaga".
Abrió la puerta de la celda. El pasillo era igual: frío y metálico. Allí no había nadie ni nada más. Solo unos cuantos muebles extraños que ningún ser humano hubiese entendido. Puede que fuesen sillas, mesas, ordenadores, teléfonos. Si lo eran, a mí no me lo parecieron.
"Intento comprenderos, entender vuestro punto de vista. Quizá no sea el único, pero no sé de nadie más entre los míos que piense así. Vete, antes de que cambie de opinión. Me queda mucho en qué pensar. Me queda mucho por averiguar. Quizá nos equivocamos. Quizá no estábamos acabando con una plaga. Quizá os quede una oportunidad de redención. Si es así, no quiero ser yo quien os la niegue. Sin embargo, ten tú y tened todos en cuenta que no somos monstruos. Empiezo a creer que ninguno de los que está luchando ahí fuera es inhumano. Y tengo miedo de que así sea, pues entonces tantas muertes habrán sido por un estúpido malentendido".
Salí de allí con paso inseguro. Con miedo, con curiosidad, con millones de emociones y preguntas agolpándose en mi cabeza. Aquella noche, cuando lo contase todo en el campamento, mi historia se convertiría en un mero rumor. Algo a descartar. Una mentira incapaz de acabar con la guerra que teníamos en nuestras manos. Quizá sucediera lo mismo cuando el carcelero hablara con los suyos.

martes, 29 de marzo de 2016

Azul

Y, si bien el azul sobre azul se hizo la nada, aún estaba tu silueta recortada sobre el horizonte. La viva imagen de una estatua de carne, de pie al filo del universo. Desafiando con su sonrisa al propio brillo de un sol de primavera. De una primavera que aún estaba en pañales, pero una primavera al fin y al cabo.
Y resonaba tu voz en valles y cavernas, tus cantos entre las hojas de los árboles. Salida de unos pulmones abrazados a un corazón de plata, y golpeando las piedras afiladas de los acantilados de mi niñez. Esos acantilados donde el azul se rompía contra la roca, como rompió el pelo contra tu rostro.
¿Lo peor? No recordar el qué gritó. Tan perdida estaba mi mente admirando la sombra de tus curvas recortadas ante el cielo de la tarde. ¿Lo mejor? Sí recordar la melodía de aquella voz que huía de unos labios con sabor a miel.

viernes, 18 de marzo de 2016

Up to the sunset hills

Take for granted that I would never fight against a lady, for such fair beauty and pure sight never should be disturbed by the scars of battle. Never should the cleanness of your skin, the twinkling sparkle in your eyes be extingusihed by the violence of a dispute.
Instead, I would cherish and worship; love and admire the light that you, like seven burning stars, pour into my lonely, wretched heart. A heart torn to as many pieces as leaves grow on the branches of the trees, all along the hills and fairy rings, or leaning against the rivers' calm waters. Waters that flow quietly, just like the words of your sweet voice, the whispers of your soul, floating among your lips up to beyond my thoughts, beyond my dreams, into the ghastly images of your beauty that haunt me every night, defeating the shine and beauty of the moonlight pouring through my window.
And as I close my eyes, the eyelids like courtains that fall over the stage of the world, and engulf my sight with darkness, only the light of your smile visits me, enlightening my new found world. For you are a queen. The perfect queen for the kingdom I have made for you. A kingdom of flaming passion and quiet love. A kingdom of loud moans and low whispers. Of burning stars and twinkling moons.
So come then, my love, I beg of you to take my hand. To let me be your shining knight and fend off the dakness that lurks in your nightmares. Come and let us walk side by side, among the rivers and the trees, over the leaves on the fairy rings and up to the sunset hills.

sábado, 12 de marzo de 2016

De ti ha nacido el lobo

Madre, no lo sabes, pero has creado un lobo.
De tu todo ha nacido una nada. De tu nada un todo. De ti ha crecido la necesidad de matar. De ti y de todos, la necesidad de devorar. De acabar. De eliminar.
No sé de quién, quizá de mí mismo, ha nacido la necesidad de destruir. El hastío que me llama cada noche a terminar. A acabar con todo.
De ti ha nacido el lobo.
Madre, de ti ha nacido el lobo.

sábado, 20 de febrero de 2016

Luces de ciudad

Caminando bajo la lluvia, vino su mente a pensar en todo y todos. Aquella chica que paseaba a su perro, preciosa. Aquel hombre que fumaba en la parada del bus, impaciente. Aquellos coches que rugían en la calle, exasperantes. El ruido le hacía difícil pensar. Le mareaba y levantaba migrañas. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo huir de aquellas calles ruidosas de ciudad, si no había ningún camino alternativo? Hubiera preferido sin dudarlo refugiarse en la tranquilidad del pueblo, alejarse de la carretera y vagabundear entre los árboles.
Hacía mucho que no veía un ciervo. Una ardilla. Un jabalí. Hacía mucho que no veía el mundo tal como realmente es: que solamente veía un vestido de cemento, a veces ceñido, a veces holgado, extendido sobre donde pisaban sus zapatos. Habían convertido al mundo en un ser humano más. Uno enorme, infinito en apariencia pero finito en sus formas.
Se sentó. Lió y fumó, mirando a uno de esos pequeños parques, donde los árboles se exhiben tristes para acallar las conciencias de nuestro salvaje interior. Como un zoo en pausa. Como un parque natural para animales sin músculo, sin vida aparente pero vivos a fin de cuentas. Más vivos, curiosamente, parecían los coches al otro lado de la acera. Y, le pese a quien le pese, estaban muertos. Vacíos. Llenos con cáscaras de humano, cada vez con menos alma.
Y la noche caía en el tramo de vuelta a casa. Las farolas se encendían como estrellas de pega. Los focos de los coches pasaban y cegaban. El cigarrillo ya estaba en el suelo, en cualquier charco, sabe Dios donde. Y el cielo, que tantas noches había mirado por su ventana, estaba hoy mudo, silencioso, en un plano color naranja que emanaba de millones de luces de mentira. Era mejor retirarse a morir lejos de todo.