Si el miedo tuviera rostro, sería el tuyo. Esa sonrisa lobuna que me dedicas al cruzar nuestras miradas. Tendría esos ojos que brillan bajo tus cejas, bien abiertos, expectantes. Deseosos de que baje la guardia. Y tendría ese menear de caderas que hace que a uno se le encoja el cuerpo y no llegue su camisa al cuello.
Si el miedo tuviera manos, serían las tuyas. Esas manos largas, finas, afiladas. Como garras que podrían descuartizarme de una bofetada. Tendría esos dedos ágiles pero fuertes, esas uñas bien cuidadas que sabe Dios cuántas almas habrán despedazado. Tendría ese anillo, dorado y sencillo, que llama la atención más de lo mínimo y menos de lo máximo.
Si el miedo tuviera alma, sería la tuya. Oscura y misteriosa, escondida tras muros de piedra, telones de acero y cortinas de seda. Sería esa alma que solo a veces sale, y sale a matar. Sale como un guerrero se lanza a la batalla, por tu boca, hasta mis oídos, loca por romper mi corazón.
Si el miedo fuera persona, serías tú. Y Dios, cómo adoro el miedo.
"La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no" - Pío Baroja
El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.
jueves, 25 de junio de 2015
domingo, 14 de junio de 2015
Voces suaves y perfumes dulces
Voces suaves y perfumes dulces. De rosas, quizá. Voces suaves de labios carnosos y ojos claros. Que rodean, que atraen y alejan tu mente de cualquier otro pensamiento. De todo lo que no sean ellas. De todo lo ajeno a los cantos de sirena.
Voces suaves y perfumes dulces. Y, tras ellos, la tentación innegable, irresistible, de lanzar un beso en la oscuridad. De buscar el cobijo de unos labios rojos, brillantes, húmedos, calientes. Voces de deseo y dulzura, capaces de volver loco a un hombre.
Voces suaves y perfumes dulces. Casi dolorosas, como dardos en tus neuronas. Queman, arden mientras desesperan por traerte a su pequeña isla. Sirenas que te llevan a un naufragio seguro, a encallar en los arrecifes de una costa traicionera.
Voces suaves. Perfumes dulces. Mienten a cada sílaba, a cada letra. Mienten y tejen con sus mentiras un velo para cegar tu mirada. Un velo que te aleja de todo, que te quita tu propia alma, y te convierte en un esclavo de sus deseos.
Voces y perfumes.
Voces suaves y perfumes dulces. Y, tras ellos, la tentación innegable, irresistible, de lanzar un beso en la oscuridad. De buscar el cobijo de unos labios rojos, brillantes, húmedos, calientes. Voces de deseo y dulzura, capaces de volver loco a un hombre.
Voces suaves y perfumes dulces. Casi dolorosas, como dardos en tus neuronas. Queman, arden mientras desesperan por traerte a su pequeña isla. Sirenas que te llevan a un naufragio seguro, a encallar en los arrecifes de una costa traicionera.
Voces suaves. Perfumes dulces. Mienten a cada sílaba, a cada letra. Mienten y tejen con sus mentiras un velo para cegar tu mirada. Un velo que te aleja de todo, que te quita tu propia alma, y te convierte en un esclavo de sus deseos.
Voces y perfumes.
viernes, 5 de junio de 2015
¿Tú la has visto bailar?
-¿Perfecta?
- Bueno, quita tú de aquí, suma de allá... cambia esto, cambia aquello. Al fin y al cabo, ¿quién es perfecto?
-¿Lo es su pelo?
-No lo sé, a mí me lo parece.
-¿Y sus ojos?
-Dímelo tú, yo qué sé.
-¿Su sonrisa?
-Bueno, yo diría que sí, pero ya sabes... las opiniones...
-Bueno, ¿qué tiene de bueno?
-Ay, yo qué sé. Muchas cosas, tío. ¿Acaso tú la conoces?
-No, no la conozco... a ver, dime, ¿por qué?
-Porque, en serio... ¿tú la has visto bailar?
- Bueno, quita tú de aquí, suma de allá... cambia esto, cambia aquello. Al fin y al cabo, ¿quién es perfecto?
-¿Lo es su pelo?
-No lo sé, a mí me lo parece.
-¿Y sus ojos?
-Dímelo tú, yo qué sé.
-¿Su sonrisa?
-Bueno, yo diría que sí, pero ya sabes... las opiniones...
-Bueno, ¿qué tiene de bueno?
-Ay, yo qué sé. Muchas cosas, tío. ¿Acaso tú la conoces?
-No, no la conozco... a ver, dime, ¿por qué?
-Porque, en serio... ¿tú la has visto bailar?
viernes, 22 de mayo de 2015
Hubiera preferido el silencio
Hubiera preferido el silencio. La tranquilidad eterna de una mente callada, sin palabras. Una de esas mentes que solamente cuchichea con tranquilidad, incluso con miedo, no vaya a molestar al vecino de arriba. Hubiera preferido eso y mucho menos, pero no lo tuvo.
Porque cuando su mente decidió que importaba, empezó a hablar. A gritar. A cantar. Cada día eran millones de fanfarrias, baladas y valquirias cabalgando, todas sonando a la vez al mayor volumen que podían. Pensando "y que le den por saco al vecino de arriba". Al fin y al cabo, ¿qué más daba? Quizá aquellos pensamientos se habían dado cuenta de que no había tal vecino. Ni ese ni el de abajo. Ni el de al lado. Que estaban solos por completo en el edificio. Qué digo, en la ciudad.
Y cuando su mente se dio cuenta de que estaba sola, empezaron las películas. Y las escenas. Viejos vaqueros disparando mientras las geishas se maquillaban, dejando espacio para que millones de personajes grises y apáticos narraran su vida con una voz desgastada y rota por whisky y humo. Todos a la vez, como una gran cabalgata de personajes absurdos correteando por sus neuronas, al son de antiguas fanfarrias y baladas y valquirias que cabalgan. Todo notas disonantes compitiendo unas con otras. Imágenes sin contexto luchando por ser más importantes.
Todo color, ruido, movimiento.
Demasiado para olvidarlo.
Demasiado para apuntarlo.
-¿Alguna idea de la causa de la muerte, doctor?
-Ninguna. ¿Qué saben de él?
-Nada en absoluto. Corrió calle abajo gritando palabras que nadie entendía. Y así, sin previo aviso, se desplomó sobre la acera.
-Estas cosas pasan, supongo.
-Sí. Estas cosas pasan...
Porque cuando su mente decidió que importaba, empezó a hablar. A gritar. A cantar. Cada día eran millones de fanfarrias, baladas y valquirias cabalgando, todas sonando a la vez al mayor volumen que podían. Pensando "y que le den por saco al vecino de arriba". Al fin y al cabo, ¿qué más daba? Quizá aquellos pensamientos se habían dado cuenta de que no había tal vecino. Ni ese ni el de abajo. Ni el de al lado. Que estaban solos por completo en el edificio. Qué digo, en la ciudad.
Y cuando su mente se dio cuenta de que estaba sola, empezaron las películas. Y las escenas. Viejos vaqueros disparando mientras las geishas se maquillaban, dejando espacio para que millones de personajes grises y apáticos narraran su vida con una voz desgastada y rota por whisky y humo. Todos a la vez, como una gran cabalgata de personajes absurdos correteando por sus neuronas, al son de antiguas fanfarrias y baladas y valquirias que cabalgan. Todo notas disonantes compitiendo unas con otras. Imágenes sin contexto luchando por ser más importantes.
Todo color, ruido, movimiento.
Demasiado para olvidarlo.
Demasiado para apuntarlo.
-¿Alguna idea de la causa de la muerte, doctor?
-Ninguna. ¿Qué saben de él?
-Nada en absoluto. Corrió calle abajo gritando palabras que nadie entendía. Y así, sin previo aviso, se desplomó sobre la acera.
-Estas cosas pasan, supongo.
-Sí. Estas cosas pasan...
jueves, 14 de mayo de 2015
This time is different
Esta vez es diferente. Esta vez he aprendido a controlarme. A decir que no. Esta vez he logrado negarme a mis instintos. Y, sin embargo, te pido que me vigiles. Que vigiles mis manos y las bendigas, porque a veces pierden la compostura.
Esta vez, es el demonio quien me llama, y me dice que me prepare. Me dice que me toca salir a escena. Y asiento y sonrío, bebiendo de mi cerveza, mientras salgo despacio, con cuidado, ante los ojos asustados del público. Tiemblan. Sienten terror.
No se muevan, les digo. No tienen por qué hacerlo. Nadie va a morir solo. He venido a hacer lo mío, ustedes sólo observen.
Esta vez es diferente. Yo puedo controlarme, pero mis manos no.
Esta vez, es el demonio quien me llama, y me dice que me prepare. Me dice que me toca salir a escena. Y asiento y sonrío, bebiendo de mi cerveza, mientras salgo despacio, con cuidado, ante los ojos asustados del público. Tiemblan. Sienten terror.
No se muevan, les digo. No tienen por qué hacerlo. Nadie va a morir solo. He venido a hacer lo mío, ustedes sólo observen.
Esta vez es diferente. Yo puedo controlarme, pero mis manos no.
martes, 12 de mayo de 2015
Hey mambo!
Volvió a Nápoles porque echaba de menos las vistas. La gente. Las canciones tradicionales... pero vaya, algo no iba bien del todo.
domingo, 3 de mayo de 2015
I wish I was in love
I wish I was in love.
If I was in love, my mind would drift away, strolling,
walking over thoughts of her pale skin.
Of her deep red lips, covering a white smile,
a smile that burns with the passion of ten suns and one poem.
If I was in love, my mind would drift away, rolling,
sliding over thoughts of her hair.
Of how beautiful she looks when she takes the front parts of it,
and moves them back, and ties them.
If I was in love, my mind would drift away, lifting,
flying over thoughts of her eyes.
Of how her wide, bright eyes look at you,
as she lifts her hands and stares at you in shock, every time
she doesn't get what you say and why you say it.
If I was in love, my mind would drift away, soaring,
hurrying over thoughts of space and time.
Of how the air feels lighter and tastes sweeter every single time
she walks past my nose, past my eyes, past my tongue.
I wish I was in love.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)