El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.

jueves, 14 de mayo de 2015

This time is different

Esta vez es diferente. Esta vez he aprendido a controlarme. A decir que no. Esta vez he logrado negarme a mis instintos. Y, sin embargo, te pido que me vigiles. Que vigiles mis manos y las bendigas, porque a veces pierden la compostura.
Esta vez, es el demonio quien me llama, y me dice que me prepare. Me dice que me toca salir a escena. Y asiento y sonrío, bebiendo de mi cerveza, mientras salgo despacio, con cuidado, ante los ojos asustados del público. Tiemblan. Sienten terror.
No se muevan, les digo. No tienen por qué hacerlo. Nadie va a morir solo. He venido a hacer lo mío, ustedes sólo observen.
Esta vez es diferente. Yo puedo controlarme, pero mis manos no.


martes, 12 de mayo de 2015

Hey mambo!

Volvió a Nápoles porque echaba de menos las vistas. La gente. Las canciones tradicionales... pero vaya, algo no iba bien del todo.


domingo, 3 de mayo de 2015

I wish I was in love

I wish I was in love.

If I was in love, my mind would drift away, strolling,
walking over thoughts of her pale skin.
Of her deep red lips, covering a white smile,
a smile that burns with the passion of ten suns and one poem.

If I was in love, my mind would drift away, rolling,
sliding over thoughts of her hair.
Of how beautiful she looks when she takes the front parts of it,
and moves them back, and ties them.

If I was in love, my mind would drift away, lifting,
flying over thoughts of her eyes.
Of how her wide, bright eyes look at you,
as she lifts her hands and stares at you in shock, every time
she doesn't get what you say and why you say it.

If I was in love, my mind would drift away, soaring,
hurrying over thoughts of space and time.
Of how the air feels lighter and tastes sweeter every single time
she walks past my nose, past my eyes, past my tongue.

I wish I was in love.

Seis con veintiocho entre dos

Creo que eres pretenciosa. Pretendes saber más de lo que llena tu mente. Creo que no admites tus fallos, tus defectos. Creo que todo lo que explicas con ese aire impostado de erudición no son más que devaneos sin sentido. Banales excusas de una definición para algo a lo que no le encuentras palabras, que sería mejor si siguiera siendo inefable.
Creo que mientes. Con tus sonrisas y ojos mientes. Creo que crees conocer a la gente, analizarla. Pero es una mentira. Y creo que lo sabes mejor que yo. Que no conoces al mundo. Que te pilla por sorpresa.
Creo que chillas, que lloras, que gritas, porque no eres mujer. Eres niña. Creo que no creciste, que aún te queda trecho, largo y ancho, por andar. Y no, no creo que vaya a ser fácil. Nada lo es.
Creo que no eres consciente de tu posición.
Creo que creemos que ambos sabemos cuándo dolemos y cuándo curamos.

sábado, 2 de mayo de 2015

Mil suspiros de anhelo

Un mechón de mi pelo
que te recuerde nuestros desvelos.
Una muestra de amor
junto a este intento de perdón.
Y mil suspiros de anhelo
que siempre guardaré con recelo.

Ahogué un sollozo y miré al cielo, viendo Septiembre en el horizonte.

martes, 28 de abril de 2015

Desde la cama

Desde la cama todo se veía oscuro. Gris. La falta de ganas, aquella apatía... todo le obligaba a quedarse allí. Hora tras hora tras hora. Día tras día. A un tabique de distancia de otros seres humanos a los que una vez llamó amigos. Y, sin embargo, a millones de años luz...
Ella esperaba sentada a los pies de la cama. Ella miraba. Ella podría haber sido luz, pero ahora era la piedra de un suicida. Esa que se hunde en el río y te lleva con ella. Ella era el peso que lo atrapaba bajo las sábanas. A millones de años luz de distancia de quien una vez fue su vida entera. Y, sin embargo, tan cerca...
"¿No te vas a levantar?", se dijo a sí mismo.
"¿Para qué?", se contestó.
El hambre dolía. El humo quemaba. La cabeza parecía aplastada en una prensa hidráulica. Y, aún así, no quería salir. No quería moverse de entre las sábanas. No quería dejar de sentir cómo sus músculos se convertían en goma inútil. Cómo su cuerpo moría mientras su mente se suicidaba.
"¿No te vas a levantar?"
"¿Para qué?"
Y la serpiente alada, la de siempre, la de aquella noche cuando aún era un niño. Aquella que colgaba de su techo, se asomaba otra vez. Esta vez no eran las drogas. Esta vez no era algo misterioso en qué pensar. Esta vez, la serpiente alada era una amenaza real. Era pérdida, confusión.
¿Qué hacer? ¿Dónde estar, si no en esta cama? Todo era miedo y horror fuera de ella. Todo era dolor. Mentiras. Falsedad. Todo era interpretar un papel que él no había elegido, que no le correspondía, y que aún así estaba adicto a interpretar. A pocos metros de distancia de unos seres humanos que no le importaban. Y, sin embargo, tras la cortina...
"¿No te vas a levantar?", le dijo ella.
"¿Para qué?"

domingo, 8 de marzo de 2015

Bury Me Not on the Lone Prairie

"No me enterréis en la pradera", dijo Jim, con aquella voz quebrada. Lo sé porque estaba yo allí. Estaba con él, y con el resto de la cuadrilla. Todos mirando su cuerpo, ensangrentado y tendido sobre la hierba, en un atardecer que se antojaba eterno. "No me enterréis aquí... por favor, llevadme a casa. A la iglesia. A donde mi madre pueda llorar mi muerte".
Vi al viejo Abe derramar un par de lágrimas. Por primera vez en mi vida. Claro, por aquel momento todos estábamos ya deshechos en llanto. El pequeño Jim. El jovencito que sólo quería aventuras. Nunca había hecho daño a nadie, y eso ya era mucho más de lo que nosotros podíamos decir. Y, sin embargo, en aquella persecución, sólo le habían dado a él. Más de veinte revólveres vacíos contra nosotros cinco, y sólo le habían dado a él.
"Estoy viendo a Mathilda... la recuerdo, y me duele", continuó el pequeño. Su sed de aventura había sido su perdición, y, muy en el fondo, todos sabíamos que no era justo que nuestra sed de riqueza no hubiera acabado con nuestras vidas antes que con la suya. "La veo, como si me esperara al otro lado de la oscuridad... Dios, chicos, tengo miedo... mucho miedo"
Aquellas palabras fueron silenciadas por el Colt del flaco Holiday. Me lancé como un chacal sobre aquel tísico hijo de puta. Había matado a Jim, y eso me enfurecía. Sabía que era algo necesario. Que debía acabar con su sufrimiento, con su miedo. Sin embargo, hacerlo así era propio de un cerdo sin corazón. ¿En eso nos habíamos convertido?
Incapaces de ir de vuelta a ninguna ciudad, y con la noche cayendo sobre nosotros, ignoramos su ruego. Ignoramos las últimas palabras de Jim.
Lo enterramos junto al roble, en la pradera.
Donde los coyotes aúllan.
Y el viento sopla libre.