Creo que eres pretenciosa. Pretendes saber más de lo que llena tu mente. Creo que no admites tus fallos, tus defectos. Creo que todo lo que explicas con ese aire impostado de erudición no son más que devaneos sin sentido. Banales excusas de una definición para algo a lo que no le encuentras palabras, que sería mejor si siguiera siendo inefable.
Creo que mientes. Con tus sonrisas y ojos mientes. Creo que crees conocer a la gente, analizarla. Pero es una mentira. Y creo que lo sabes mejor que yo. Que no conoces al mundo. Que te pilla por sorpresa.
Creo que chillas, que lloras, que gritas, porque no eres mujer. Eres niña. Creo que no creciste, que aún te queda trecho, largo y ancho, por andar. Y no, no creo que vaya a ser fácil. Nada lo es.
Creo que no eres consciente de tu posición.
Creo que creemos que ambos sabemos cuándo dolemos y cuándo curamos.
"La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no" - Pío Baroja
El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.
domingo, 3 de mayo de 2015
sábado, 2 de mayo de 2015
Mil suspiros de anhelo
Un
mechón de mi pelo
que
te recuerde nuestros desvelos.
Una
muestra de amor
junto
a este intento de perdón.
Y
mil suspiros de anhelo
que
siempre guardaré con recelo.
Ahogué un sollozo y miré al cielo, viendo Septiembre en el horizonte.
martes, 28 de abril de 2015
Desde la cama
Desde la cama todo se veía oscuro. Gris. La falta de ganas, aquella apatía... todo le obligaba a quedarse allí. Hora tras hora tras hora. Día tras día. A un tabique de distancia de otros seres humanos a los que una vez llamó amigos. Y, sin embargo, a millones de años luz...
Ella esperaba sentada a los pies de la cama. Ella miraba. Ella podría haber sido luz, pero ahora era la piedra de un suicida. Esa que se hunde en el río y te lleva con ella. Ella era el peso que lo atrapaba bajo las sábanas. A millones de años luz de distancia de quien una vez fue su vida entera. Y, sin embargo, tan cerca...
"¿No te vas a levantar?", se dijo a sí mismo.
"¿Para qué?", se contestó.
El hambre dolía. El humo quemaba. La cabeza parecía aplastada en una prensa hidráulica. Y, aún así, no quería salir. No quería moverse de entre las sábanas. No quería dejar de sentir cómo sus músculos se convertían en goma inútil. Cómo su cuerpo moría mientras su mente se suicidaba.
"¿No te vas a levantar?"
"¿Para qué?"
Y la serpiente alada, la de siempre, la de aquella noche cuando aún era un niño. Aquella que colgaba de su techo, se asomaba otra vez. Esta vez no eran las drogas. Esta vez no era algo misterioso en qué pensar. Esta vez, la serpiente alada era una amenaza real. Era pérdida, confusión.
¿Qué hacer? ¿Dónde estar, si no en esta cama? Todo era miedo y horror fuera de ella. Todo era dolor. Mentiras. Falsedad. Todo era interpretar un papel que él no había elegido, que no le correspondía, y que aún así estaba adicto a interpretar. A pocos metros de distancia de unos seres humanos que no le importaban. Y, sin embargo, tras la cortina...
"¿No te vas a levantar?", le dijo ella.
"¿Para qué?"
Ella esperaba sentada a los pies de la cama. Ella miraba. Ella podría haber sido luz, pero ahora era la piedra de un suicida. Esa que se hunde en el río y te lleva con ella. Ella era el peso que lo atrapaba bajo las sábanas. A millones de años luz de distancia de quien una vez fue su vida entera. Y, sin embargo, tan cerca...
"¿No te vas a levantar?", se dijo a sí mismo.
"¿Para qué?", se contestó.
El hambre dolía. El humo quemaba. La cabeza parecía aplastada en una prensa hidráulica. Y, aún así, no quería salir. No quería moverse de entre las sábanas. No quería dejar de sentir cómo sus músculos se convertían en goma inútil. Cómo su cuerpo moría mientras su mente se suicidaba.
"¿No te vas a levantar?"
"¿Para qué?"
Y la serpiente alada, la de siempre, la de aquella noche cuando aún era un niño. Aquella que colgaba de su techo, se asomaba otra vez. Esta vez no eran las drogas. Esta vez no era algo misterioso en qué pensar. Esta vez, la serpiente alada era una amenaza real. Era pérdida, confusión.
¿Qué hacer? ¿Dónde estar, si no en esta cama? Todo era miedo y horror fuera de ella. Todo era dolor. Mentiras. Falsedad. Todo era interpretar un papel que él no había elegido, que no le correspondía, y que aún así estaba adicto a interpretar. A pocos metros de distancia de unos seres humanos que no le importaban. Y, sin embargo, tras la cortina...
"¿No te vas a levantar?", le dijo ella.
"¿Para qué?"
domingo, 8 de marzo de 2015
Bury Me Not on the Lone Prairie
"No me enterréis en la pradera", dijo Jim, con aquella voz quebrada. Lo sé porque estaba yo allí. Estaba con él, y con el resto de la cuadrilla. Todos mirando su cuerpo, ensangrentado y tendido sobre la hierba, en un atardecer que se antojaba eterno. "No me enterréis aquí... por favor, llevadme a casa. A la iglesia. A donde mi madre pueda llorar mi muerte".
Vi al viejo Abe derramar un par de lágrimas. Por primera vez en mi vida. Claro, por aquel momento todos estábamos ya deshechos en llanto. El pequeño Jim. El jovencito que sólo quería aventuras. Nunca había hecho daño a nadie, y eso ya era mucho más de lo que nosotros podíamos decir. Y, sin embargo, en aquella persecución, sólo le habían dado a él. Más de veinte revólveres vacíos contra nosotros cinco, y sólo le habían dado a él.
"Estoy viendo a Mathilda... la recuerdo, y me duele", continuó el pequeño. Su sed de aventura había sido su perdición, y, muy en el fondo, todos sabíamos que no era justo que nuestra sed de riqueza no hubiera acabado con nuestras vidas antes que con la suya. "La veo, como si me esperara al otro lado de la oscuridad... Dios, chicos, tengo miedo... mucho miedo"
Aquellas palabras fueron silenciadas por el Colt del flaco Holiday. Me lancé como un chacal sobre aquel tísico hijo de puta. Había matado a Jim, y eso me enfurecía. Sabía que era algo necesario. Que debía acabar con su sufrimiento, con su miedo. Sin embargo, hacerlo así era propio de un cerdo sin corazón. ¿En eso nos habíamos convertido?
Incapaces de ir de vuelta a ninguna ciudad, y con la noche cayendo sobre nosotros, ignoramos su ruego. Ignoramos las últimas palabras de Jim.
Lo enterramos junto al roble, en la pradera.
Donde los coyotes aúllan.
Y el viento sopla libre.
Vi al viejo Abe derramar un par de lágrimas. Por primera vez en mi vida. Claro, por aquel momento todos estábamos ya deshechos en llanto. El pequeño Jim. El jovencito que sólo quería aventuras. Nunca había hecho daño a nadie, y eso ya era mucho más de lo que nosotros podíamos decir. Y, sin embargo, en aquella persecución, sólo le habían dado a él. Más de veinte revólveres vacíos contra nosotros cinco, y sólo le habían dado a él.
"Estoy viendo a Mathilda... la recuerdo, y me duele", continuó el pequeño. Su sed de aventura había sido su perdición, y, muy en el fondo, todos sabíamos que no era justo que nuestra sed de riqueza no hubiera acabado con nuestras vidas antes que con la suya. "La veo, como si me esperara al otro lado de la oscuridad... Dios, chicos, tengo miedo... mucho miedo"
Aquellas palabras fueron silenciadas por el Colt del flaco Holiday. Me lancé como un chacal sobre aquel tísico hijo de puta. Había matado a Jim, y eso me enfurecía. Sabía que era algo necesario. Que debía acabar con su sufrimiento, con su miedo. Sin embargo, hacerlo así era propio de un cerdo sin corazón. ¿En eso nos habíamos convertido?
Incapaces de ir de vuelta a ninguna ciudad, y con la noche cayendo sobre nosotros, ignoramos su ruego. Ignoramos las últimas palabras de Jim.
Lo enterramos junto al roble, en la pradera.
Donde los coyotes aúllan.
Y el viento sopla libre.
martes, 3 de febrero de 2015
Paula
Desde que tengo memoria
y recuerdo
que estoy cuerdo
si muerdo
tus labios rojos,
de fuego,
de azufre,
de antojo.
Desde siempre
que dejo que me tientes
porque quieres, lo sientes
y luego disientes
y niegas, sonriente,
con la risa entre dientes
de aquella que miente.
Me abstraes,
atraes y distraes
si subes, si caes
me llevas y traes.
En serio, estás en mi cabeza,
hueca.
Cierta certeza
desde siempre,
atrayente.
Hasta siempre,
en poniente.
y recuerdo
que estoy cuerdo
si muerdo
tus labios rojos,
de fuego,
de azufre,
de antojo.
Desde siempre
que dejo que me tientes
porque quieres, lo sientes
y luego disientes
y niegas, sonriente,
con la risa entre dientes
de aquella que miente.
Me abstraes,
atraes y distraes
si subes, si caes
me llevas y traes.
En serio, estás en mi cabeza,
hueca.
Cierta certeza
desde siempre,
atrayente.
Hasta siempre,
en poniente.
domingo, 1 de febrero de 2015
Buenos días
Desperté,
entre el humo de tus cigarrillos.
Desperté,
con tu pintalabios en mi cuello.
Rojo, como la sangre.
Ardiente, como tu cuerpo.
Desperté,
y no estabas ahí.
En el hueco de mi cama
sólo vi tu silueta.
El resto vacío de quien
huye de una noche vergonzosa.
Desperté,
y sólo quedaban las arrugas
en el colchón.
Solamente humo, y pintalabios.
Desperté,
y volví a dormir.
entre el humo de tus cigarrillos.
Desperté,
con tu pintalabios en mi cuello.
Rojo, como la sangre.
Ardiente, como tu cuerpo.
Desperté,
y no estabas ahí.
En el hueco de mi cama
sólo vi tu silueta.
El resto vacío de quien
huye de una noche vergonzosa.
Desperté,
y sólo quedaban las arrugas
en el colchón.
Solamente humo, y pintalabios.
Desperté,
y volví a dormir.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Seamos sinceros, ¿vale?
Seamos sinceros, ¿vale? Ningún escolar estudiará jamás lo que has escrito. Y, si lo hace, ¿qué más dará? Tú ya habrás muerto mucho antes, ¿verdad? Verdad. La realidad ya ha probado su condición de musa cruel. Te seduce, te ata con promesas de una obra maestra. Y, al mismo tiempo, te muestra y demuestra que nada vale la pena. Que la inmortalidad no es si no un golpe de suerte. Te muestra y demuestra que es el mediocre quien disfruta, inocuo, inepto, inocente, de la fruta prohibida. Mientras tú, genio, interrogante, elegante mentiroso, apenas das sorbos de la lluvia que resbala por su piel.
Vive aislado. Eso de seas. Que no haya quien salude, quien sonría a tus bromas. ¿Juras que deseas la vida del Lobo Estepario?
Pues yo juro, en cambio, que deseas la vida del conforme. Sabes que ojalá fueras mediocre, que ojalá lo abstracto no pisoteara tus neuronas, en esa insufrible cantinela: "crea, crea, crea" ¡Basta! Ten dignidad y pide vivir cual paloma. Ruega, suplica por días de mentira. Pide de nuevo volver a empezar, ser uno más, y espera que la ignorancia te bendiga.
Vive aislado. Eso de seas. Que no haya quien salude, quien sonría a tus bromas. ¿Juras que deseas la vida del Lobo Estepario?
Pues yo juro, en cambio, que deseas la vida del conforme. Sabes que ojalá fueras mediocre, que ojalá lo abstracto no pisoteara tus neuronas, en esa insufrible cantinela: "crea, crea, crea" ¡Basta! Ten dignidad y pide vivir cual paloma. Ruega, suplica por días de mentira. Pide de nuevo volver a empezar, ser uno más, y espera que la ignorancia te bendiga.
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