Desde que tengo memoria
y recuerdo
que estoy cuerdo
si muerdo
tus labios rojos,
de fuego,
de azufre,
de antojo.
Desde siempre
que dejo que me tientes
porque quieres, lo sientes
y luego disientes
y niegas, sonriente,
con la risa entre dientes
de aquella que miente.
Me abstraes,
atraes y distraes
si subes, si caes
me llevas y traes.
En serio, estás en mi cabeza,
hueca.
Cierta certeza
desde siempre,
atrayente.
Hasta siempre,
en poniente.
"La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no" - Pío Baroja
El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.
martes, 3 de febrero de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
Buenos días
Desperté,
entre el humo de tus cigarrillos.
Desperté,
con tu pintalabios en mi cuello.
Rojo, como la sangre.
Ardiente, como tu cuerpo.
Desperté,
y no estabas ahí.
En el hueco de mi cama
sólo vi tu silueta.
El resto vacío de quien
huye de una noche vergonzosa.
Desperté,
y sólo quedaban las arrugas
en el colchón.
Solamente humo, y pintalabios.
Desperté,
y volví a dormir.
entre el humo de tus cigarrillos.
Desperté,
con tu pintalabios en mi cuello.
Rojo, como la sangre.
Ardiente, como tu cuerpo.
Desperté,
y no estabas ahí.
En el hueco de mi cama
sólo vi tu silueta.
El resto vacío de quien
huye de una noche vergonzosa.
Desperté,
y sólo quedaban las arrugas
en el colchón.
Solamente humo, y pintalabios.
Desperté,
y volví a dormir.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Seamos sinceros, ¿vale?
Seamos sinceros, ¿vale? Ningún escolar estudiará jamás lo que has escrito. Y, si lo hace, ¿qué más dará? Tú ya habrás muerto mucho antes, ¿verdad? Verdad. La realidad ya ha probado su condición de musa cruel. Te seduce, te ata con promesas de una obra maestra. Y, al mismo tiempo, te muestra y demuestra que nada vale la pena. Que la inmortalidad no es si no un golpe de suerte. Te muestra y demuestra que es el mediocre quien disfruta, inocuo, inepto, inocente, de la fruta prohibida. Mientras tú, genio, interrogante, elegante mentiroso, apenas das sorbos de la lluvia que resbala por su piel.
Vive aislado. Eso de seas. Que no haya quien salude, quien sonría a tus bromas. ¿Juras que deseas la vida del Lobo Estepario?
Pues yo juro, en cambio, que deseas la vida del conforme. Sabes que ojalá fueras mediocre, que ojalá lo abstracto no pisoteara tus neuronas, en esa insufrible cantinela: "crea, crea, crea" ¡Basta! Ten dignidad y pide vivir cual paloma. Ruega, suplica por días de mentira. Pide de nuevo volver a empezar, ser uno más, y espera que la ignorancia te bendiga.
Vive aislado. Eso de seas. Que no haya quien salude, quien sonría a tus bromas. ¿Juras que deseas la vida del Lobo Estepario?
Pues yo juro, en cambio, que deseas la vida del conforme. Sabes que ojalá fueras mediocre, que ojalá lo abstracto no pisoteara tus neuronas, en esa insufrible cantinela: "crea, crea, crea" ¡Basta! Ten dignidad y pide vivir cual paloma. Ruega, suplica por días de mentira. Pide de nuevo volver a empezar, ser uno más, y espera que la ignorancia te bendiga.
miércoles, 5 de marzo de 2014
A los pies de tu cama
Quiero morir a los pies de tu cama.
Quiero ser ese fuego en tus entrañas.
Era febrero y añoraba tus besos,
es marzo y añoro tus besos.
Y tus caricias, tus miradas.
Tu sonrisa y tu pelo,
tu pelo que cae, por cuello
espalda y pecho.
Echo de menos tus manos,
tus dedos, paseándose por mi piel.
Tu voz, aguda, suspirando de placer.
Y queda poco para volver a jugar,
reír y saltar de cama en cama,
de mesa en mesa, tarde en tarde.
Pasar las horas juntos,
dejar que el sol se oculte.
Y ver salir la luna, desnudos,
fumando un cigarrillo.
Y ver escapar el humo, a retazos,
de nuestros pulmones extasiados.
Quiero ser ese fuego en tus entrañas.
Era febrero y añoraba tus besos,
es marzo y añoro tus besos.
Y tus caricias, tus miradas.
Tu sonrisa y tu pelo,
tu pelo que cae, por cuello
espalda y pecho.
Echo de menos tus manos,
tus dedos, paseándose por mi piel.
Tu voz, aguda, suspirando de placer.
Y queda poco para volver a jugar,
reír y saltar de cama en cama,
de mesa en mesa, tarde en tarde.
Pasar las horas juntos,
dejar que el sol se oculte.
Y ver salir la luna, desnudos,
fumando un cigarrillo.
Y ver escapar el humo, a retazos,
de nuestros pulmones extasiados.
... and soon we'll be back together
domingo, 22 de diciembre de 2013
El hombre que dormía del revés
Como cada día, se despertó, legañoso, con la cara hinchada por los vicios como la de un boxeador. Su cuerpo escuálido arrastrándose sin emoción alguna hacia el baño, dispuesto a afeitarse, ducharse y al fin vestirse para tomar el deseado café.
Empezó como cada día, con un café cargado y un cigarrillo, antes de ir al baño e ir a toda prisa a trabajar. Sin embargo, al bajar encontró las calles vacías. ¿Cómo pueden estar las calles de Madrid desiertas en plena hora punta, cuando todos van a trabajar?
Se acercó al metro y no había nadie. En la parada de bus, tampoco. La ciudad parecía muerta por primera vez en la historia. Y, volviendo a casa, aturdido, notó como un copo de nieve caía sobre su hombro. Seguido de otros muchos. Una cortina blanca que empezó a teñirlo todo de Navidad. No podía creer que se le hubiera olvidado.
Ahora, ya no como cada día, sino como cada año, corrió a casa, impaciente. Necesitaba llegar pronto. Necesitaba hacer su pequeño ritual.
Ya no como cada día, colgó el traje de mala manera, arrugado, en el perchero del portal. Se descalzó tirando los zapatos en una esquina y se volvió a meter en la cama.
Y, como cada día de Navidad, empezó a darse la vuelta, los pies contra el cabecero. La cabeza saliendo por el otro lado, y mirando al techo. Necesitaba dormir así.
Y nunca antes de las 12 levantarse.
¿Y sus razones para hacerlo? No las sabía ni él. Pero aquella sonrisa en su cara, mientras se acurrucaba del revés en la cama, lo decía todo: era el mejor momento del año para él.
Empezó como cada día, con un café cargado y un cigarrillo, antes de ir al baño e ir a toda prisa a trabajar. Sin embargo, al bajar encontró las calles vacías. ¿Cómo pueden estar las calles de Madrid desiertas en plena hora punta, cuando todos van a trabajar?
Se acercó al metro y no había nadie. En la parada de bus, tampoco. La ciudad parecía muerta por primera vez en la historia. Y, volviendo a casa, aturdido, notó como un copo de nieve caía sobre su hombro. Seguido de otros muchos. Una cortina blanca que empezó a teñirlo todo de Navidad. No podía creer que se le hubiera olvidado.
Ahora, ya no como cada día, sino como cada año, corrió a casa, impaciente. Necesitaba llegar pronto. Necesitaba hacer su pequeño ritual.
Ya no como cada día, colgó el traje de mala manera, arrugado, en el perchero del portal. Se descalzó tirando los zapatos en una esquina y se volvió a meter en la cama.
Y, como cada día de Navidad, empezó a darse la vuelta, los pies contra el cabecero. La cabeza saliendo por el otro lado, y mirando al techo. Necesitaba dormir así.
Y nunca antes de las 12 levantarse.
¿Y sus razones para hacerlo? No las sabía ni él. Pero aquella sonrisa en su cara, mientras se acurrucaba del revés en la cama, lo decía todo: era el mejor momento del año para él.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Un coche, dos trenes y un bus
Dos coches, un tren y un bus.
Todo lo que necesito para llenarme
de mimos, de tús.
De caricias y miradas,
furtivas, apasionadas.
De miles de besos.
De ese beso antes del "te quiero",
furtivo, ligero, sincero;
que hace que te estremezcas
y sonrías, pícara, juguetona.
Y me devuelvas el amor
al momento, en una intentona
de juntar nuestros cuerpos
y quitar tierra de por medio...
Un coche, dos trenes y un bus.
Todo lo que necesito
para estar donde estás tú.
Todo lo que necesito para llenarme
de mimos, de tús.
De caricias y miradas,
furtivas, apasionadas.
De miles de besos.
De ese beso antes del "te quiero",
furtivo, ligero, sincero;
que hace que te estremezcas
y sonrías, pícara, juguetona.
Y me devuelvas el amor
al momento, en una intentona
de juntar nuestros cuerpos
y quitar tierra de por medio...
Un coche, dos trenes y un bus.
Todo lo que necesito
para estar donde estás tú.
Para Paula
viernes, 15 de noviembre de 2013
Una bolsa de basura
Un hombre apareció en una esquina una
mañana de diciembre. Su cuerpo, ya sin vida, congelado y desnutrido,
asustaba a cuantos pasaran junto a aquel cine. Las madres ahogaban
un gemido y tiraban de sus niños a la voz de “no lo toques”.
Hombres trajeados apretaban el paso tapando sus narices por el olor.
Jóvenes lo miraban con curiosidad más que con pena. Se quejaban de
que estuviera ahí tirado.
Una bolsa de basura apareció en otra
calle, junto a una tienda. Las madres ahogaban un gemido y tiraban de
sus niños a la voz de “no lo toques”. Hombres trajeados
apretaban el paso tapando sus narices por el olor. Jóvenes lo
miraban con curiosidad más que con pena. Se quejaban de que
estuviera ahí tirada.
La huelga terminó. Los basureros
volvieron a su vida diaria y recogieron la basura tirada en la calle.
Por mucho menos dinero, eso sí. Y ya nadie se quejó de que la
basura se pudriera en una esquina. Ya nadie apretó el paso ni se
tapó la nariz al pasar junto a la tienda.
Tiempo después, en la televisión, un
vídeo habló de la pena que daba el hombre muerto. De lo vergonzoso
que era que estuviera tirado junto al cine. Otros se quejaron de la
falta de respeto que era el irse a morir a un lugar público.
Y más tiempo pasó, y el invierno se
convirtió en verano. El hielo que cubría al hombre desapareció, se
convirtió en un charco, en vapor poco después.
Y más tiempo pasó. Y las estaciones
volaron por la ventana. Y para siempre quedó junto al cine aquél
cadáver. Aquél esqueleto. Aquél montón de polvo. Aquella nada.
Y, al final, sólo el recuerdo de que,
un día, en alguna parte, una bolsa de basura estuvo tirada donde no
debía.
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