El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.

sábado, 6 de abril de 2013

Quizá una brizna. Quizá una nada

Cerveza. Un cigarrillo. Cerveza. Ni siquiera puedo escribir, joder. Pero tómate en serio a ti mismo. Ni a los demás, ni lo que puedas hacer tú por los demás. Tú mismo. Sólo tú mismo. El mundo eres tú, y lo que hay a tu alrededor sólo son aditamentos. Sólo son extras de tu película. ¿Qué importan? Poco más que un árbol en el bosque o una brizna de hierba en el prado. Sólo son una puta mierda en mitad de una acera. No valen nada. Sólo vales tú. Sólo importa lo que tú puedas hacer contigo mismo.
Ahora, la pregunta es, ¿qué puedes hacer tú contigo mismo?

jueves, 4 de abril de 2013

¿Qué?

Alma de borracho. Demasiado sentimental. Será eso lo que no funciona. También el alcohol obstaculiza todo un poco, supongo.
Eh, ¿alguien tiene un pitillo? Llevo días sin fumar y las manos me tiemblan. Tampoco puedo tocar, mi guitarra Dios sabe dónde está. ¿Qué hago con estas horas muertas? ¿Trabajar sin beneficio? ¿Morir del asco? ¿Vender mi cuerpo?
Bah, será que al final todo es inútil, ¿no?
O quizás...
O quizás...
Nada, mi mente ya funciona sola. Compradle un cuerpo nuevo. Este ya no funciona.

martes, 2 de abril de 2013

Errante

"Bueno", sonrió tu padre. "A tu edad yo no bebía tanto. Quizás ese sea el problema"
"Cuando no bebo me siento más solo. Más incapaz. Y la inspiración no me llega"
El gesto del señor Cohen se puso serio de forma súbita, como si alguien (probablemente yo) hubiera apagado alguna luz en su mirada. Me miró fijamente y dijo una cosa que jamás olvidaré:
"Hay musas mucho mejores que el alcohol, muchacho. El camino de la autodestrucción puede parecer atractivo cuando no hay nada por lo que vivir, pero deberías saber que siempre lleva a callejones sin salida, y sin vuelta atrás"
Aún me arrepiento de no haber escuchado sus palabras, pero, como él dijo, no hay vuelta atrás. Quizá por conformismo, o puede que porque ya estoy viejo y cansado. A estas alturas, con pocos meses de vida por delante, poco importa ya lo que haga. Al menos, sabiendo que me estás escuchando, sé que mi viaje no caerá en el olvido.

lunes, 1 de abril de 2013

Deep River Blues

Deja que llueva. El río hace tiempo que se llevó los restos de mis cigarrillos. Y aquí estoy, con mi vieja guitarra, la que creí que jamás volvería a tocar por los recuerdos que me trajo cuando la desenfundé.
Un Deep River Blues carente de sentido. Una canción que incluso un ciego tocaría mejor. Pero me da igual. Es mi forma de hacerlo. Mis cuerdas ahogadas, mis notas desafinadas, y el humo saliendo de mi nariz.
"Pero oye, escúchame un momento: ¿desde cuándo estás aquí?"
"Hace mucho"
"Y todos esos días, ¿por qué jamás te vi?"

domingo, 10 de marzo de 2013

Una noche en el gueto

Es un susurro, apenas modulado. Los labios de la cantante besan con lujuria al micrófono, mientras su voz se cuela en los cerebros de cuantos hombres la admiran en el bar. Es un piano el que hace de fondo, un pianista deseoso de que todo termine para poderla espiar en los camerinos mientras se desnuda. Deseoso de poder ver, tras la cerradura, la voluptuosa figura de Miss Sunshine.
En la barra la observan atentos dos galanes bien vestidos. Se tratan como hermanos. Volvieron juntos de la guerra que no querían librar, pero en la que se vieron obligados a pelear con quienes no conocían. Quienes les resultaban totalmente extraños. Uno de ellos, pobre, no sabe que su "amigo del alma" es quien cada noche vigila la alcoba de su mujer para hacerla gozar. Y lo hace sin remordimiento alguno, con esa sonrisa pícara y socarrona que tanto exhibe en los bares.
Una chica sola más allá, en la esquina de la barra. Desde una esquina la miran de reojo un puñado de chacales rabiosos. Hombres sin escrúpulos. La razón por la que las damas se sienten inseguras cuando entran solas en uno de estos bares de mala muerte. La razón de que los hombres demos asco a las mujeres. En la cabeza de los chacales, no bullen más que los más bajos instintos de la humanidad. Desposeerla, desgarrar sus ropas, desgarrar su cuerpo... todo con tal de saciar una sed no ya de amor, si no de violencia. De misoginia y odio a cuanto las mujeres representan.
Y allí estoy yo, en la puerta, mientras el policía me saca a rastras. Me meten en la parte trasera del coche patrulla y arrancan a toda velocidad por la ciudad. Incapaz de moverme, me enciendo un cigarrillo mientras miro por la ventana cómo las luces pasan en la oscuridad. Como notas disonantes de la melodía del piano. Como si los dos hermanos de guerra se odiaran como deben. Como cuando los chacales acaben con esa chica en el callejón que hay tras el bar.
Me siento nostálgico, es la décima vez que me llevan al calabozo. Y todo ocurre siempre en noches como esta.
En una noche en el gueto.

jueves, 7 de febrero de 2013

El Enemigo

"El enemigo sonríe, entre apacible y severo, sentado en una poltrona acolchada. No es joven, no puede serlo. El enemigo tiene mil veranos con sus inviernos. Mil veranos en los que se ha dado a subir a la poltrona. Al trono del que, dice, no bajará."
Ante los ojos del asombrado muchacho, en la opaca negrura de una noche sin luna, se enciende una débil llama, mientras La Voz, cansada y ronca, como un susurro lleno de alcohol, sigue hablando.
"En el trono, el enemigo se siente seguro. Ajeno a lo que hay bajo sus pies. Ajeno a muerte, ajeno a dolor. Y observa su reino con ojos vidriosos, incansable, para que ningún extranjero ose entrar. Ante ellos, del desfiladero de su nariz aguileña, cuelga al borde de la muerte un par de anteojos pequeños, redondos y añejos."
Entre los susurros devotos de La Voz, el muchacho recibe la cerilla en que la llama baila, consumiéndola despacio, sin parar. Ahora, el chico ve sus propios dedos, a los que se acerca el fuego. Pero no debe soltar la llama. No debe. Así es el rito y así debe ser.
"Su cabeza brilla. El pelo del enemigo, el poco que queda, se ha vuelto blanco y ha dejado a la vista la mitad de su desnudo cráneo. Su labio superior, en cambio, que antaño era limpio, ahora es abitado por un sucio, espeso bigote. El enemigo, por noches de conciencia, tiene unas abultadas ojeras que cuelgan de sus párpados como sacos de carne muerta. Viste, haga frío o calor, ropa de lana y cuellos altos. No llora. Sus lágrimas se secaron años atrás."
El chico se quema y deja caer la cerilla, que se apaga. La noche vuelve a su oscuridad natural, y los ojos del joven se ciegan. Todo es azabache, carbón y hulla. La Voz se ha callado, y ahora sólo se oye el arrollo cercano correr, ajeno al ritual. Durante minutos, el muchacho siente que su corazón se para, y que ahora la sangre en sus venas es hielo puro. Rojo y espeso, pero hielo. Un escalofrío le recorre la espalda cuando una mano se posa sobre su hombro, y La Voz le habla al oído.
"¿Quién ha de morir?"

sábado, 3 de noviembre de 2012

Ya sabes quién

Sigues aquí. No hace mucho que me saludaste y me pintaste una sonrisa en la cara. A cada segundo tenía miedo de espantarte. De que pensaras "esto es demasiado para mí". Pero eso no pasó. Es curioso. A cada segundo que temía que huyeras, más me gustaba vivir con esa incertidumbre.
Sólo espero hacerte feliz, y lo sabes. Espero que, sea en el sentido que sea, pensar en mí te ilumine el día. Quizá sólo como un compañero de copas. Quizá sólo como alguien con quien hablar de Buda o Schopenhauer. Nunca se sabe.
Pero siempre así. Espero que te valga esta humilde misiva. Espero que te valga el saber que pienso en ti. Y no. Aún no sé cómo. Pero pienso en ti. Créeme: serás la primera en saberlo cuando en mi mente esté todo claro y cristalino como un riachuelo en una tarde de verano.