Si me despierto y aún es de noche, veo por la ventana un cielo opaco. Mi ventana da al Este y aún así no he dejado nunca que el Sol venga a darme los buenos días. Salgo de casa demasiado temprano.
Luego, mientras me siento solo en un autobús camino al matadero de pensamientos, fábrica de herramientas, miro por la ventana a las montañas. Picos agrestes y afilados que parecen desafiar a quien caiga del cielo: "venga, a ver si te cortamos". Son colmillos de la Madre Tierra que uno no ve en todas partes. Y menos así, al alcance casi de la mano.
Llega la mañana, y con ella se ven blancas las primeras nubes. En uno de los picos, veo brumas que se desgarran contra él. Se enganchan, y el viendo las lleva, ya desgajadas, más allá. Como restos de una prenda usada hasta la saciedad. Como los bajos del abrigo de un vagabundo. Se desgaja en el aire y se divide en millones de partículas.
No puedo evitar pensar en Avalon. ¿Eso imaginó el rey Arturo? ¿Eso quería ver entre las brumas de su lago?
Lo que yo querría ver tras las brumas no es Avalon. No es la morada de los Dioses. Lo que me gustaría ver entre la niebla de las montañas es una pequeña cabaña. Un cuadrado hecho con troncos, un dejado recio, leña junto a la puerta y un animal recién cazado frente a ella. Comida para por la tarde.
Tras las brumas, quiero ver mi hogar.
"La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no" - Pío Baroja
El dolor es la liberación de una mente atada a la realidad. Sólo a través del dolor podemos encontrar el camino a la nada, al punto cero. A olvidar todo lo que nos ata. Y volver a empezar.
sábado, 25 de septiembre de 2010
martes, 17 de agosto de 2010
Ganado
He visto a las montañas desperezarse, tímidas, bajo un gris sol de las mañanas del norte. Lo he visto borracho, desde un coche que ya ni recuerdo de quién es.
Y seguramente el conductor también fuera borracho, pero Dios, Buda o Alá quisieron que no nos estrelláramos. A toda velocidad entre curvas de carretera comarcal, ¿y qué más da? El que manda quiere que sigamos vivos. No sé para qué quiere a los demás. Yo a veces creo que me quiere para divertirse conmigo.
Como AM en el relato de Ellison, como si yo no tuviera boca pero debiera gritar. Como un juego macabro. Me desvivo por ser buena persona. Me desvivo por no hacer daño. Y me desvivo por poner la otra mejilla. ¿Es injusticia o falta de autocrítica? Y sea lo que sea, ¿qué más da?
Al fin y al cabo, a veces me excita que me castiguen.
Y al final, me acurruco, todo cicatrices y todo excitación. Me acurruco solo en una esquina de la cama, mientras el mundo se va. Vienen amigos y se van enemigos. Vienen enemigos y se van los amigos. Y yo, acurrucado en la oscuridad, veo el amanecer venir por la ventana. Y otro día empieza. ¿Haré algo? ¿Algo fuera de esa ridícula variedad que nos hace creer libres?
No. Haré lo que hacen todos. Los que entran en manada a las discotecas, los que entran en manada a un instituto, los que entran en manada a un bar, o los que van en manada a la playa. O incluso los que viven mal todo el año para poder permitirse unas vacaciones.
Qué más da. Al fin y al cabo, hay muchos tipos de ganado.
Ganado vacuno, porcino, bovino... y humanoide.
Y seguramente el conductor también fuera borracho, pero Dios, Buda o Alá quisieron que no nos estrelláramos. A toda velocidad entre curvas de carretera comarcal, ¿y qué más da? El que manda quiere que sigamos vivos. No sé para qué quiere a los demás. Yo a veces creo que me quiere para divertirse conmigo.
Como AM en el relato de Ellison, como si yo no tuviera boca pero debiera gritar. Como un juego macabro. Me desvivo por ser buena persona. Me desvivo por no hacer daño. Y me desvivo por poner la otra mejilla. ¿Es injusticia o falta de autocrítica? Y sea lo que sea, ¿qué más da?
Al fin y al cabo, a veces me excita que me castiguen.
Y al final, me acurruco, todo cicatrices y todo excitación. Me acurruco solo en una esquina de la cama, mientras el mundo se va. Vienen amigos y se van enemigos. Vienen enemigos y se van los amigos. Y yo, acurrucado en la oscuridad, veo el amanecer venir por la ventana. Y otro día empieza. ¿Haré algo? ¿Algo fuera de esa ridícula variedad que nos hace creer libres?
No. Haré lo que hacen todos. Los que entran en manada a las discotecas, los que entran en manada a un instituto, los que entran en manada a un bar, o los que van en manada a la playa. O incluso los que viven mal todo el año para poder permitirse unas vacaciones.
Qué más da. Al fin y al cabo, hay muchos tipos de ganado.
Ganado vacuno, porcino, bovino... y humanoide.
martes, 13 de julio de 2010
Summer Love
El fuego lame con furia la oscuridad del cielo de la noche. Un cielo negro, opaco, sin estrellas. Una noche cálida, seca, veraniega.
Sobre la arena, ante el fuego, dos personas hablan, sus ojos como platos fijos en las llamas.
"¿Cuánto hace de aquello?"
"¿Cuánto hace de qué?"
"De nuestro primer beso en esta playa"
Los dos piensan. El verano se acaba poco a poco, y ese romance amenaza con dejarlos atrás, cuando vuelvan a sus casas. Amenaza con morir súbitamente, con acabar con lo que quedaba de sus corazones rotos. Amenaza, con esos últimos coletazos en la noche, en la playa, en el lugar donde todo empezó, amenaza con matar su felicidad.
"No lo sé. ¿Nos despedimos con otro?"
Obnublinados, siguen mirando al fuego. Esa hoguera es más alta que la primera que encendieron. Es como una despedida a lo grande, una torre que se ha ido formando en esos dos meses de romance, de pasión y de sexo rápido en los sucios retretes de un bar. Ella se inclina y apoya su cabeza sobre el hombro de él. Y mientras tanto, se escuchan de fondo las "Full Moon Nights". Los acordes lentos y elegantes los mantienen hipnotizados.
"Creo que no"
"Que no, ¿qué?"
"Que no deberíamos despedirnos con otro beso"
"¿Por qué?"
"Porque no deberíamos despedirnos"
Las olas rompen, y los dos se desnudan despacio. Las luces de ciudad que atraían a Loquillo parpadean a lo lejos. Las Full Moon Nights se acaban. El calor del verano se desvanece.
Y ambos caminan de la mano hacia el mar.
Sobre la arena, ante el fuego, dos personas hablan, sus ojos como platos fijos en las llamas.
"¿Cuánto hace de aquello?"
"¿Cuánto hace de qué?"
"De nuestro primer beso en esta playa"
Los dos piensan. El verano se acaba poco a poco, y ese romance amenaza con dejarlos atrás, cuando vuelvan a sus casas. Amenaza con morir súbitamente, con acabar con lo que quedaba de sus corazones rotos. Amenaza, con esos últimos coletazos en la noche, en la playa, en el lugar donde todo empezó, amenaza con matar su felicidad.
"No lo sé. ¿Nos despedimos con otro?"
Obnublinados, siguen mirando al fuego. Esa hoguera es más alta que la primera que encendieron. Es como una despedida a lo grande, una torre que se ha ido formando en esos dos meses de romance, de pasión y de sexo rápido en los sucios retretes de un bar. Ella se inclina y apoya su cabeza sobre el hombro de él. Y mientras tanto, se escuchan de fondo las "Full Moon Nights". Los acordes lentos y elegantes los mantienen hipnotizados.
"Creo que no"
"Que no, ¿qué?"
"Que no deberíamos despedirnos con otro beso"
"¿Por qué?"
"Porque no deberíamos despedirnos"
Las olas rompen, y los dos se desnudan despacio. Las luces de ciudad que atraían a Loquillo parpadean a lo lejos. Las Full Moon Nights se acaban. El calor del verano se desvanece.
Y ambos caminan de la mano hacia el mar.
sábado, 3 de julio de 2010
Anoche
Anoche un hombre despertó de un sueño agitado. Anoche un hombre vio cómo la lluvia repiqueteaba sobre sus ventanas, como si fuera una canción para Kathy.
Anoche las lágrimas de un hombre se unieron a la lluvia. Anoche los espejos de su alma revelaron un enorme hueco. Un hueco que ni arte ni juegos llenaron. Un hueco que esconde el alcohol día y noche. Un hueco que pide amor y que no lo da. Un hueco propio de quien no sabe sentir. Un hueco de quien ríe sin ser feliz y llora sin ser desdichado.
Anoche un hombre sintió ganas de pasar penurias. Anoche un hombre quiso que su vida fuera realmente la peor. Anoche quiso tener derecho a sentirse tan mal como se siente. Tener derecho a llorar sin ser un hipócrita. Tener una muerte por la que pesar.
Anoche quiso perder todos sus amigos y volver a estar solo en el mundo. Solo como en su infancia. Sentado en una esquina, mojado por las gotas de lluvia. Quiso que sus cuartillas se llenaran con sentido. Que por algo escribiera, por algo dibujara, por algo cantara. Quiso que sus partituras mostraran un dolor de verdad, no este placebo que todos tenemos dentro para creer que somos algo más que objetos.
Anoche un hombre quiso morir, pero fue cobarde. Algo le dijo "sonríe a tus problemas hasta que estén escondidos en lo más hondo de tu ser. Hasta que te roben cada minuto de tu vida en vicios estúpidos"
Anoche fue anoche, y yo fui un hombre.
Anoche las lágrimas de un hombre se unieron a la lluvia. Anoche los espejos de su alma revelaron un enorme hueco. Un hueco que ni arte ni juegos llenaron. Un hueco que esconde el alcohol día y noche. Un hueco que pide amor y que no lo da. Un hueco propio de quien no sabe sentir. Un hueco de quien ríe sin ser feliz y llora sin ser desdichado.
Anoche un hombre sintió ganas de pasar penurias. Anoche un hombre quiso que su vida fuera realmente la peor. Anoche quiso tener derecho a sentirse tan mal como se siente. Tener derecho a llorar sin ser un hipócrita. Tener una muerte por la que pesar.
Anoche quiso perder todos sus amigos y volver a estar solo en el mundo. Solo como en su infancia. Sentado en una esquina, mojado por las gotas de lluvia. Quiso que sus cuartillas se llenaran con sentido. Que por algo escribiera, por algo dibujara, por algo cantara. Quiso que sus partituras mostraran un dolor de verdad, no este placebo que todos tenemos dentro para creer que somos algo más que objetos.
Anoche un hombre quiso morir, pero fue cobarde. Algo le dijo "sonríe a tus problemas hasta que estén escondidos en lo más hondo de tu ser. Hasta que te roben cada minuto de tu vida en vicios estúpidos"
Anoche fue anoche, y yo fui un hombre.
sábado, 22 de mayo de 2010
Recuerdo
Recuerdo como si siguiera ante mí tu belleza. Aquella hermosura efímera y frágil que parecía a punto de desvanecerse por siempre. Que parecía querer huir ante la caricia del viento, que parecía querer escurrirse entre los dedos de quien te tocara.
Recuerdo como si fuera ayer el calor de tu mirada, y cómo tus ojos comprensivos reflejaban el mundo, mil veces más hermoso. Como un niño mirándose en un estanque tranquilo en una mañana de verano. Como un filtro rosa sobre el mundo gris.
Recuerdo como si fuera parte de mi infancia tu manera de caminar. Tus piernas al moverse, cómo te movías grácil, como flotando sobre las alas del viento, como si nada te pudiera tocar. Ajena al mundo, desaparecida de la realidad…
Recuerdo como si hiciera mil años que, por ti, sentía más que cariño.
Recuerdo como si fuera ayer el calor de tu mirada, y cómo tus ojos comprensivos reflejaban el mundo, mil veces más hermoso. Como un niño mirándose en un estanque tranquilo en una mañana de verano. Como un filtro rosa sobre el mundo gris.
Recuerdo como si fuera parte de mi infancia tu manera de caminar. Tus piernas al moverse, cómo te movías grácil, como flotando sobre las alas del viento, como si nada te pudiera tocar. Ajena al mundo, desaparecida de la realidad…
Recuerdo como si hiciera mil años que, por ti, sentía más que cariño.
jueves, 6 de mayo de 2010
Devaneos de un amor cortés
En un bosque me perdiera,
tras la llama de tu mirada.
En un claro me pudriera,
de no ser tú mi amada.
Y por las aguas caminara,
si tú me lo pidieses.
Y en el fuego me adentrara,
si así lo quisieses.
Lo que fuera,
si tu cariño consiguiera.
Feliz moriría,
si sujetaras tú mi mano fría.
tras la llama de tu mirada.
En un claro me pudriera,
de no ser tú mi amada.
Y por las aguas caminara,
si tú me lo pidieses.
Y en el fuego me adentrara,
si así lo quisieses.
Lo que fuera,
si tu cariño consiguiera.
Feliz moriría,
si sujetaras tú mi mano fría.
sábado, 1 de mayo de 2010
El Mago
Sonando una campanilla, y dejando sonar sus ropas al rozar, caminaba el Mago. Extraña apariencia, mas no en vano. Su poder venía de aquella ropa propia de juglares. Su inspiración, las historias de un padre tiempo atrás olvidado, en donde el dolor se iba junto con la tristeza, y todo brillaba y el sol iluminaba las ventanas de nuevo.
Nunca hablaba. Nunca decía nada. Sólo caminaba, de posada en posada, dejando volar su alma y dar felicidad a quienes tiempo atrás la habían perdido. A quienes la esperanza, último de los males de Pandora, había ya abandonado. Estos, tocados por el poder del Mago, sonreían y eran felices al fin. Salían de las tinieblas a la luz de quienes sonríen, de quienes muestran su alma en el lenguaje de Neruda.
Sus versos sin palabras, alegres como la Primavera. Su enemigo sin forma, el Mal de quien, carente de alegrías, se sume en el dolor. Quizá sólo fuera un placebo, pero allá por donde el Mago pasaba, el dolor dejaba de existir. Las lágrimas ya no formaban ríos, y todo se volvía albino y puro.
El Mal huía, entonces. Huía aterrorizado hacia recónditas esquinas, oscuras cuevas donde la imaginación ni tan siquiera llega. Se retiraba a llorar las almas perdidas en manos del Mago. Se retiraba a lamentarse y a descargar su rabia antes de volver a atacar.
Y así, el Mal salía de nuevo. Donde el placebo del Mago había dejado de existir, y la gente volvía a la normalidad, el Mal volaba y sembraba su sombra de peste negra. Abría de nuevo la Caja, y dejaba que todo cuanto en ella moraba se esparciera, dejando al Mago, exhausto, descansar a la orilla de la tristeza.
Y, de nuevo, no tardaba todo en volver a la normalidad, y el Mago, juglaresco y burlón, paseaba de nuevo de taberna en taberna. La felicidad su compañera, las palabras sobrantes, la tristeza su enemiga.
Nunca hablaba. Nunca decía nada. Sólo caminaba, de posada en posada, dejando volar su alma y dar felicidad a quienes tiempo atrás la habían perdido. A quienes la esperanza, último de los males de Pandora, había ya abandonado. Estos, tocados por el poder del Mago, sonreían y eran felices al fin. Salían de las tinieblas a la luz de quienes sonríen, de quienes muestran su alma en el lenguaje de Neruda.
Sus versos sin palabras, alegres como la Primavera. Su enemigo sin forma, el Mal de quien, carente de alegrías, se sume en el dolor. Quizá sólo fuera un placebo, pero allá por donde el Mago pasaba, el dolor dejaba de existir. Las lágrimas ya no formaban ríos, y todo se volvía albino y puro.
El Mal huía, entonces. Huía aterrorizado hacia recónditas esquinas, oscuras cuevas donde la imaginación ni tan siquiera llega. Se retiraba a llorar las almas perdidas en manos del Mago. Se retiraba a lamentarse y a descargar su rabia antes de volver a atacar.
Y así, el Mal salía de nuevo. Donde el placebo del Mago había dejado de existir, y la gente volvía a la normalidad, el Mal volaba y sembraba su sombra de peste negra. Abría de nuevo la Caja, y dejaba que todo cuanto en ella moraba se esparciera, dejando al Mago, exhausto, descansar a la orilla de la tristeza.
Y, de nuevo, no tardaba todo en volver a la normalidad, y el Mago, juglaresco y burlón, paseaba de nuevo de taberna en taberna. La felicidad su compañera, las palabras sobrantes, la tristeza su enemiga.
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